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Viajar al cielo con los pies en la tierra

Pese a que abrió sus puertas hace ya algunos años, el Museo das Aves es todavía un gran desconocido que mira al futuro con el reto de alzar el vuelo y atraer visitantes

ES UNA CASA DE piedra de principios del siglo XX que podría pasar desapercibida para el visitante. Sin embargo, sorprende a todo el que cruza su puerta de madera. Al pie de la carretera general que atraviesa Feira do Monte, el edificio rehabilitado del que fue el antiguo cuartel ofrece un viaje al cielo pero sin mover los pies de la tierra. El Museo das Aves de Cospeito, casi un desconocido hasta ahora, es una pequeña joya escondida que pretende alzar el vuelo para convertirse en un referente del turismo ornitológico y medioambiental.

En un interior pensado para despertar los sentidos, el sonido de los pájaros y algunas ranas saludan al visitante, que de golpe entra en un vergel sin saberlo. Las antiguas columnas de madera del inmueble -y las nuevas que se colocaron en la reforma- simbolizan troncos de árboles con ramas que crecen en un bosque lleno de animales que descubrir.

En la recepción del museo, la mascota, un pequeño pato, da la bienvenida al que llega y ofrece información sobre el Concello, la Reserva da Biosfera Terras do Miño a la que pertenece y sobre un mundo de humedales que uno puede incluso pisar al entrar. Una proyección interactiva representa en el suelo del museo la Lagoa de Cospeito, con peces que corren de un lado al otro escapándose entre los pies del que camina sobre el agua, pero sin mojarse.

Los ojos se habitúan a la oscuridad de las instalaciones, que obliga a fijar la mirada en lo importante. Y desde allí, las pisadas amarillas de un ave recorren y sirven de guía en un local en el que los paneles informativos sobre los distintos tipos de pájaros, los huevos, los nidos, los secretos de la cadena trófica, los métodos de reproducción o la evolución de las especies -destaca uno que habla sobre el primer fósil de ave que se encontró con 150 millones de años en Baviera- se entremezclan con una variedad de pantallas interactivas táctiles.

Hay una pantalla sobre los tipos de vuelo -el sueño de Ícaro en el mundo animal-, otra sobre huevos, nidos y reproducción, una más con un mapamundi que marca las rutas de las principales migraciones de las aves y otra, la favorita de muchos, que identifica las imágenes de cada pájaro con sus cantos, a través de un altavoz que cae del techo e invita a viajar a lugares o recuerdos. Ahí cada oído tiene su experiencia.

Una más ofrece una visita interactiva a la Lagoa de Cospeito, a través de prismáticos verdes que al pulsarlos agrandan el mundo animal. Una ardilla, una rana o una nutria se mueven ante los ojos, que con mirada de submarinista, también pueden sumergirse bajo el agua y nadar entre los peces.

La visita en primera persona siempre funciona. Y en el Museo das Aves uno no puede volar, pero casi. El photocall es otro de los éxitos entre los visitantes, que se pueden fotografiar al lado de una mascota, sobre la laguna, subidos a un ganso, dentro del pico de un águila -una de las más solicitadas- o agarrado a las patas de un buitre.

Es el recuerdo de una visita que dura alrededor de media hora para un grupo de diez personas y siempre finaliza con el visionado de un vídeo sobre los humedales chairegos. Se proyecta en una pequeña sala, con troncos como asientos, que mantienen la imagen del bosque que lo envuelve todo.

«La gente cuando entra por primera vez se queda alucinada. La mezcla entre una estructura y una decoración clásica y la modernidad de las nuevas tecnologías funciona. Es un museo muy didáctico en el que se cumple eso de que no te acostarás sin aprender algo más, porque el que entra se lleva algo, aunque solo sea una curiosidad», dice César González, uno de los responsables de 2xmil, la empresa que gestiona un museo que el Concello quiere relanzar dentro de un proyecto más amplio de turismo, que enlaza a través de una senda peatonal este pequeño tesoro con la laguna y el centro de interpretación.

A la oferta actual del museo, que abre los fines de semana e incluye material para uso del visitante como prismáticos o telescopios, se sumará en la segunda planta una biblioteca ornitológica, una zona de exposición y un pequeño museo arqueológico -un piso más arriba ya se estrenó un albergue municipal-. Todo pensado para complementar el viaje desde la Lagoa de Cospeito al cielo.

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