Vadym, ucraniano y camionero

La huelga del transporte, que este miércoles cortó la A-8 durante hora y media en Vilalba, pilló de lleno a este vecino de Zaporiyia, que emprendió ruta hace un mes y volverá a casa en una semana
Vadym Boronnikov, delante de su camión. S. IGLESIA
photo_camera Vadym Boronnikov, delante de su camión. S. IGLESIA

Vadym Boronnikov partió de casa hace un mes y entonces dejaba una ciudad en paz. Ahora, cuando regrese en poco más de una semana, se encontrará con una Zaporiyia sacudida por la guerra y herida por las bombas.

Trabaja como camionero desde 1979 y estos días su vehículo permanece en el polígono de Vilalba, en una de las acciones que la plataforma del transporte está llevando a cabo para reclamar la bajada del precio de los combustibles.

El viaje de Vadym fue interrumpido cuando se dirigía a Narón tras una descarga "a 50 kilómetros de Vilalba", tal y como explica a través del traductor. Transportaba reductoras de carga para aerogeneradores y paró en la noche del martes al miércoles, igual que otros dos compatriotas ucranianos, uno moldavo y uno lituano, con los que comparte tiempo a la espera de que las peticiones de los transportistas se cumplan.

Sin hablar inglés ni castellano, su expresión transmite dolor al ser preguntado por los suyos. "Mi esposa está allá, hace trabajo humanitario", atina a decir un hombre cuyo hogar "aún no ha sufrido daños". Está muy próximo a la central nuclear de Zaporiyia, capturada por las tropas rusas a principios de este mes.

Vadym sabe que en su ciudad, por el momento, hay alimentos, pero la incertidumbre de hasta cuándo durarán planea sobre él. "Es una situación muy difícil la que estamos viviendo", añade un hombre que, a sus 61 años, no podría estar en la lista de voluntarios para el ejército, pero que sí conoce a numerosas personas que están en el frente.

Por unos días, se mantiene alejado de un conflicto incapaz de esquivar, que no existía cuando emprendió ruta y que ya habrá arrasado buena parte del paisaje de Zaporiyia a su vuelta.

CORTE EN LA A-8. Mientras tanto, en Vilalba continúa la lucha por bajar el importe de los combustibles que, de no ejecutarse, llevará a la quiebra a numerosos autónomos y empresarios.

Una treintena de transportistas se situó este miércoles en plena A-8 para cortar su circulación en dirección a Baamonde, a la altura del kilómetro 575, durante una hora y media. Ataviados con palés a los que prendieron fuego, los huelguistas denunciaban una situación ya "insostible", mientras otros compañeros cerraban los accesos de la rotonda de Santaballa para guiar a los camiones interceptados al polígono de Vilalba, donde este miércoles se agolpaban unos 180 vehículos.

Sergio Otero es uno de los autónomos que secundó el paro porque sus márgenes "quedan reducidos a cero, é traballar por traballar", y cifra en 2.300 euros lo que deja de ingresar por la subida del coste del gasoil: "Está o marxe tan apretado que se paras unha semana, perdes cartos".

Como él, Pili González, con una empresa en Vilalba, asegura que "o camión, levando 1.200 litros, deixa libres 20 ou 30 euros, e con iso hai que pagar mantemento, rodas, seguros...", mientras calcula que el gasto a final de mes se va a "10.000 ou 12.000 euros".

Ambos avanzan que la huelga se intensificará si no hay solución y aseguran que incluso pararán el suministro de pienso y la recogida de leche, servicios que hasta ahora estaban permitidos.

José Manuel Vélez, en sintonía con sus compañeros, dice no ver "fin a isto" y afirma que cada vez más transportistas se suman a la huelga. "A maioría está cooperando", añade, mientras avisa que seguirán "o tempo que faga falta".