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Un humanista de otro tiempo

José Ramil, en el año 2004 en la mámoa de Roza da Modias, en la parroquia vilalbesa de San Xoán Alba. AEP
José Ramil, en el año 2004 en la mámoa de Roza da Modias, en la parroquia vilalbesa de San Xoán Alba. AEP
 La asociación de amigos do Museo de prehistoria e arqueoloxía de Vilalba (Mupav) dedicará este viernes un homenaje a José Ramil Soneira, su gran impulsor y un hombre de ciencia, para celebrar el centenario de su nacimiento. Será a las 18.00 horas. 
 

LA ARQUEOLOGÍA era su gran pasión, pero no vivía en el pasado. Tampoco en el presente. José Ramil Soneira, el fundador y el primer director del Museo de Prehistoria e Arqueoloxía de Vilalba (Mupav), era un humanista de otro tiempo, un adelantado a su época que hoy será un poco más eterno a través de la Asociación de Amigos do Museo, que organiza un homenaje por el centenario de su nacimiento.

Ramil Soneira fue médico de profesión, pero los que lo conocían bien dicen que era un hombre de ciencia, que se hacía preguntas sobre todo. La geología, la botánica, la fotografía... todo eran mundos nuevos por descubrir.

Se crió entre A Coruña y Santiago y llegó a Vilalba en 1944 por su profesión, aunque tenía raíces familiares en Samarugo. Desplazarse a ver a los enfermos, muchas veces a caballo, otras andando, fue su contacto con el campo y la primera pieza en un efecto dominó que acabó levantando el museo de Vilaba. Aunque fue algo que llegó de casualidad, no era su sueño.

José Ramil Soneira recibió varios homenajes en vida y muchos reconocimientos, como todas las muestras de apoyo a la revista Férvedes que impulsó

"Se interesó por la arqueología desde pequeño por un profesor que le metió el gusanillo y en una de sus visitas a un enfermo se encontró sílex tallado en Santaballa. Le llamó la atención y se lo mostró a un compañero que era profesor de instituto y le confirmó que eran materiales poco habituales en Galicia. En otra visita encontró más. Y volvió su interés por la arqueología", relata Eduardo Ramil, que lo sucedió como director del museo en 2006 y que podría escribir miles de páginas sobre aquel hombre de otro tiempo, su padre.

"A él no le gustaba mucho escribir, aunque su letra pese a ser de médico se entendía. Era más de contarlo. Estaba todo el día leyendo, anotando", dice, mientras habla de un hombre "muy analítico" que entendía los libros como herramientas de trabajo para tachar, escribir o grapar las páginas que llevaban a perder el tiempo.

A nivel comarcal, recibió la Medalla de oro de amigos do Museo en 2010 o protagonizó unos encontros na Terra Chá

Llegó a formar la biblioteca más completa de Paleolítico, hoy en el museo. Hablaba italiano, alemán, francés, inglés, además de castellano y gallego. Tenía consulta en casa —con peceras llenas que enamoraban a los pacientes y un jardín con especies de países recónditos— y era radiólogo en Lugo. También pintaba a acuarela. Y le quedaba tiempo para criar a sus hijos, cinco, tras la muerte de su mujer en 1970.

"La arqueología era una afición, pero a raíz de varios descubrimientos y sondeos Fermín Bouza Brey, que presentó en los años 30 la primera tesis doctoral sobre el Paleolítico Antiguo en Galicia y era amigo de la familia, lo animó a presentar un trabajo a un premio de la Real Academia Galega", explica su hijo. Era 1971. Lo ganó y entró a formar parte de la sección de arqueología del Instituto Padre Sarmiento. Y junto al catedrático Carlos Alonso del Real y Ramos retoma las intervenciones en Pena Grande (Santaballa), Penedos (Carrizo) y Prado do Inferno (Muras).

Con los años la prehistoria, que parecía algo demasiado remoto, empieza a ganar terreno y se crea un interés por estudiar el pasado más antiguo de Galicia, y a finales de los años 80, cuando se arregla el antiguo ayuntamiento de Vilalba, hoy la casa de la cultura, se empieza a hablar de un museo que se hace realidad bajo su batuta en 1991 y se traslada a las dependencias actuales en el año 2002.

 "Él tenía necesidad de conocer, interés por saber", dice su hijo Eduardo Ramil

"No era su idea. Él tenía necesidad de conocer, interés por saber", dice Eduardo Ramil, que asegura que lo que su padre defendía era el "museo real", donde "tienes que custodiar, investigar y difundir el pasado de la humanidad y los materiales vinculados, y no una sala de exposición". "Siempre involucró al equipo que estaba en las excavaciones", explica Ramil, que declina valorar al arqueólogo.

"No debería ser yo", dice con humildad familiar. Y mira al futuro: "El programa que tenía no se pudo realizar completamente. El museo nunca tuvo un duro del Concello para hacer actividades. Vive con precariedad y ante un futuro incierto. Y ese sí sería su sueño, que pudiera mantener la actividad de trabajos de campo, la divulgativa y que llegara a más lugares con la seguridad de que el legado permanecerá en el futuro y en condiciones óptimas".

Seis semblanzas para el recuerdo
José Ramil Soneira recibió varios homenajes en vida y muchos reconocimientos, como todas las muestras de apoyo a la revista Férvedes que impulsó. A nivel comarcal, recibió la Medalla de oro de amigos do Museo en 2010 o protagonizó unos encontros na Terra Chá. En 1998 Xermolos le dedicó un Guieiros. El de este sábado será el primero tras su fallecimiento a los 94 años en2014. "Más bien es un recuerdo", dice su hijo.

PROGRAMA
El acto arrancará a las 18.00 horas con varias semblanzas a cargo del historiador Felipe Arias, Aurelia Balseiro, directora del museo provincial de Lugo, y José María Bello, exdirector del Museo arqueolóxico e Histórico da Coruña. Después intervendrán Alfonso Blanco, coordinador de Xermolos; Carlos Fernández, profesor de prehistoria en la Universidad de León, y Ana Neira, directora del departamento de Historia de la misma universidad.

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