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Solidaridad sin recompensa

María Jesús Castro, este miércoles frente al buque Open Arms, en Barcelona. EP
María Jesús Castro, este miércoles frente al buque Open Arms, en Barcelona. EP

La doctora pontesa María Jesús Castro Abella, médica en el PAC de Vilalba desde hace ocho años, se embarcó hace tres semanas en el Open Arms con la ilusión de poder salvar vidas , una aventura que se ha visto frustrada por el bloqueo de Fomento

La médica de familia María Jesús Castro Abella, natural de As Pontes y que ejerce desde hace ocho años en el PAC de Vilalba, hizo las maletas hace tres semanas con la ilusión de ayudar y salvar vidas. Escogió para su primera aventura como voluntaria en la ONG Open Arms, una organización no gubernamental y sin ánimo de lucro asentada en Badalona cuya misión prioritaria es rescatar del mar a aquellas personas que intentan llegar a Europa huyendo de conflictos bélicos, persecución o pobreza. Pero el bloqueo del Gobierno a la salida del buque desde el puerto de Barcelona les impidió cumplir su cometido. Y allí siguen, retenidos.

"Siempre quise participar en alguna iniciativa de voluntariado. Hace años me informé sobre la labor que desarrollan Médicos Sin Fronteras o Médicos del Mundo, pero buscaban un perfil muy concreto de especialistas en cirugía, traumatología u oftamología, que yo no cumplía, a pesar de tener formación en emergencias. Además, mis niños eran pequeños y no tenía la posibilidad de irme un mes completo", explica la médica pontesa, que vio en esta la oportunidad ideal de colaborar y ayudar desinteresadamente. Y no se lo pensó.

En el Sergas, explica, "no hay permisos retribuidos" para acudir a este tipo de actuaciones, por eso se decantó por solicitar "un mes sin sueldo" después de enviar su currículo y realizar una entrevista por Skype con Open Arms para conseguir esa plaza de voluntaria de un mes en el buque solidario, para la que cumplía con creces el perfil.

"El 8 de enero teníamos previsto zarpar, pero capitanía no dio el permiso -alegando que no cumplía los requisitos legales-. Los abogados de la ONG presentaron un recurso de alzada, pero el proceso se puede dilatar en el tiempo, mínimo hasta tres meses", explica resignada, reconociendo que la noticia cayó como un jarro de agua fría entre la tripulación y el equipo de rescate -conformado por cuatro socorristas y dos sanitarios, todos voluntarios-, que han vivido unas semanas complicadas ante la imposibilidad de cumplir con su misión.

La Organización Internacional para las Migraciones cifra en más de 200 las personas desaparecidas en enero

"Hemos estado haciendo simulacros y tareas de mantenimiento. Es duro estar en el barco y enterarte de que acaba de aparecer una embarcación en la que se han rescatado tres personas, pero en la que en realidad viajaban unas 100 que no lo han conseguido", relata Castro Abella, que durante su estancia ha podido conocer más de cerca el drama que sufren los cientos de refugiados que cada día deciden emprender ese viaje, muchas veces, sin retorno.

De hecho, según las cifras que baraja la Organización Internacional para las Migraciones, desde principios de año han reportado la desaparición de más de 200 personas en el Mediterráneo central, zona en la que opera el buque retenido por Fomento.

"Hay muchos que dicen: 'Esta gente viene de África a quitarnos el trabajo'. No saben de lo que hablan. Mujeres embarazadas, niños muy pequeños, gente en muy mal estado. Cómo tienen que estar en sus países de origen para coger un barco sin saber lo que les va a pasar o cuánto tiempo pueden tardar en llegar", se pregunta la médica pontesa, que aunque no ha podido actuar sí ha visto "vídeos realmente duros de otras misiones" con el fin de estar preparada.

Además, explica María Jesús, muchas de las mujeres que cruzan "el corredor más mortífero del planeta", como lo define Óscar Camps, el fundador de Open Arms, "han sufrido abusos o violaciones". "Por eso, en los rescates siempre tiene que haber mujeres en el personal sanitario, es obligatorio para poder darles el trato que merecen", indica la pontesa, a la que, a punto de tomar el vuelo de vuelta a casa, lo que más le pesa "es no poder haber ayudado".

"Es muy frustrante, por eso solo me queda el consuelo de poder hacerlo ejerciendo un poco de presión para que dejen salir al barco del puerto", sentencia la médica del PAC de Vilalba, quien se muestra crítica también con los comentarios que tienen que soportar a diario.

"La gente considera a estas ONGs como cómplices de tráfico ilegal de personas, dicen que cobran por traerlos. Todo es mentira", afirma la pontesa, incidiendo en que como ella, "muchos otros voluntarios no solo no cobran, sino que pierden dinero y además están lejos de su familia por intentar salvar a la gente".

Un objetivo que no ha podido alcanzar en esta aventura, pero que está segura que llegará. "Como no hemos podido salir en esta ocasión, tendremos preferencia cuando se resuelva el conflicto para formar otra vez parte del equipo", explica María Jesús, que mientras retomará su día a día en el PAC de Vilalba, donde seguro la recibirán con los brazos abiertos.

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