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Las restricciones en Vilalba ocasionan más afluencia a locales de concellos vecinos

FANY Y NURIA BELLAS. O PASO
Fany y Nuria Bellas, del bar o Paso. EP

El restaurante O Paso, en Xermade, es un ejemplo

El cierre perimetral que afecta a Vilalba desde hace dos meses, que impide acceder al municipio a todos aquellos que no lo hagan con una causa justificada, obligó a muchos trabajadores a buscar establecimientos en otros concellos en los que parar a comer. Y uno de los que más incremento de afluencia percibió fue el restaurante O Paso, en la parroquia xermadesa de Candamil, situado al borde de la carretera de Ferrol, la LU-861. Ahora cerrarán también a las seis de la tarde.

"Moitos traballadores que paraban en Vilalba tiveron que buscarse a vida. Antes, no verán, aínda podían pedir comida para levar, pero agora buscan un lugar a cuberto", explica Nuria Bellas, que junto a su hermana Fany, regenta un negocio hostelero que, pese a las reducciones de aforo, puede albergar hasta 90 comensales en sus dos comedores y la terraza recientemente habilitada, además de tener el espacio de cafetería.

"Contamos con moito sitio no que poder gardar as distancias de seguridade e, ademais, engadimos a nova terraza, de 60 metros cadrados e acristalada, que foi feita a toda présa por se se incrementaban as restriccións", explican las dos gerentes, que confían en que las nuevas caras que visitan O Paso llegarán para quedarse.

"Dedicamos moitísimo tempo ao restaurante, a 16 e 17 horas as dúas, e a base de bo traballo, das tapas que ofrecemos, os menús do día... conseguimos colleitar esta clientela", dicen, y aunque la hora de la comida es el plato fuerte, "desde o confinamento tamén vén moita xente polas tardes, á hora dos viños, por iso estas novas medidas nos fastidian tanto".

Y es que las dos jóvenes de Candamil, en sintonía con muchos de sus colegas hosteleros, consideran que "se están cebando co sector". "Todos perdemos cando chegou o confinamento, nós tiñamos unha cea baile aquel 14 de marzo", recuerda Nuria, "pero as facturas seguen chegando; traballamos menos e pagamos o mesmo".

Con el 30% de aforo en interior y el cierre a las 18.00 horas, consideran que el perjuicio llega también a los comensales trabajadores, ya que "case todos teñen unha hora para comer e con este aforo moitos teñen que agardar para entrar, arriscándose a chegar tarde ao seu posto", al tiempo que lamentan que con estas duras medidas "moitos van pechar".

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