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¿Y qué será lo próximo?

Rodrigo Pavón, de blanco, en la rueda de prensa del lunes. MARÍA ROCA
Rodrígo Pavón (de blanco), en la rueda de prensa del lunes.
La renuncia de Rodrigo Pavón llega tras la ruptura del histórico pacto entre PSOE y Vilalba Aberta o aquella carambola del PP que devolvía a la alcaldía a Baamonde a costa de Criado

La sorpresiva dimisión de todos sus cargos en el gobierno de Vilalba del socialista Rodrigo Pavón, que se hará efectiva en el próximo pleno ordinario –si no se modifica la fecha, el día 30 a las 19.00 horas– y que él atribuyó en rueda de prensa a "motivos estrictamente persoais, libre e voluntaria", pero que los más suspicaces quieren ver como el fruto de discrepancias internas, ha puesto una vez más el foco de atención en el gobierno de un Concello de Vilalba en el que otrora podría parecer que no pasaba nada en la política municipal, más allá de encadenar mayorías absolutas el PP en la cuna de su fundador.

Pero ha bastado apenas un lustro para despertar el interés general, y estar a la expectativa de qué será lo próximo. Tras dar la sorpresa en los comicios de 2019 ganándole las elecciones al PP y convirtiéndose en la fuerza más votada –lograron ocho ediles, por siete populares y dos de Vilalba Aberta–, el PSOE decidió unilateralmente, y apenas transcurrido un año de la alianza, romper el pacto con Vilalba Aberta que le confería la tranquilidad que otorga una mayoría absoluta y se lanzó de cabeza a la difícil labor de gestionar el Concello en minoría y con una complicación externa pero difícil de obviar, una pandemia mundial.

La consecución de una estabilidad se antojaba entonces complicada y ambos partidos de la oposición han criticado reiteradamente la parálisis municipal, que ejemplifican con cuestiones como la falta de elaboración de unos presupuestos propios, mientras se opera con los últimos que aprobó el PP prorrogados, o la demora en solventar cuestiones de calado, como el servicio de la recogida de basura, que lleva un año en el limbo –el contrato con Urbaser, que sigue prestando el servicio, expiró y es improrrogable–, o la problemática surgida con la Rúa da Pravia.

Si el acuerdo con Vilalba Aberta para invertir 1,4 millones de remanente parecía apuntar a una época de entendimiento, aunque fuese en asuntos puntuales, la dimisión del primer teniente de alcalde y responsable de las áreas de espacios ciudadanos, relación con los vecinos y servicios ha vuelto a generar incertidumbre entre una población que no puede evitar pensar en qué más puede pasar.

Y es que además, en la bancada de enfrente tampoco está la situación para sacar réditos políticos porque, de hecho, ni siquiera hay una persona clara que pueda aprovecharse de esta hipotética ventaja, con el partido gobernado por una gestora y aún sin un candidato definido para las próximas municipales.

Fue precisamente a la división interna del PP a lo que muchas voces atribuyen la victoria socialista, tras aquella carambola política de agosto de 2016 con tres nombres propios: Sandra Vázquez, hoy concejala, diputada autonómica –entonces dejó el Senado para ir en la lista–, líder de la gestora y la persona con más papeletas para encabezar la lista; Agustín Baamonde, que hoy ejerce de portavoz municipal a la espera de tener a quien cederle el testigo y hace cinco años renunciaba al Parlamento y volvía a la alcaldía en un gesto de partido; y Gerardo Criado, actual delegado de Presidencia y que por aquel entonces se veía obligado a ceder el bastón de mando para ser senador en sustitución de Vázquez.

El PP veía peligrar su bastión e intentó recuperar posiciones, pero ni el juego de sillas ni la alargada sombra de Manuel Fraga fueron suficientes para frenar a un PSOE que está descubriendo que lo de gobernar tiene luces, pero también muchas sombras.

¿Y qué será lo próximo?