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Parga contará con un alojamiento rural junto a la iglesia y el castillo

Isabel Garcés y Vicente Roura, en un lateral del alojamiento rural que abrirán en A Pobra de Parga. C.PÉREZ
Isabel Garcés y Vicente Roura, en un lateral del alojamiento rural que abrirán en A Pobra de Parga. C.PÉREZ
Isabel Garcés y Vicente Roura impulsan el nuevo establecimiento, que prevén abrir en agosto

El 1 de agosto es la fecha que tienen en sus cabezas Isabel Garcés y Vicente Roura para abrir las puertas de Parga Rural Alojamiento, un establecimiento localizado en A Pobra de Parga, junto a la iglesia de Santo Estevo y los restos del castillo, que busca dar servicio a los peregrinos de la variante del Camino Norte, a los turistas que amen la naturaleza y la calma o a quienes busquen un punto estratégico desde el que recorrer el norte de Galicia.

"Queremos poner en valor el rural y Parga y su entorno", explica Isabel, a quien "un pálpito" le hizo dejar su Castellón natal para convertirse en alberguera en Palas de Rei. En 2013 la llamó una amiga que junto a su marido regentaba un albergue en Ferreira, en el Camino Primitivo, para ofrecerle un trabajo. Isabel, que acababa de ganarse la compostela, no se lo pensó mucho y acabó convirtiéndose en socia del negocio.

Cuando ellos decidieron marcharse, en 2018, Isabel tuvo que tomar una decisión. El gusto por el trabajo que había estado haciendo y su pareja, Vicente, vecino de Pedrafita y al que justo había conocido en Parga al poco de llegar a Galicia, inclinaron la balanza hacia la posibilidad de encontrar algo entre Galicia y Asturias. Pensar en abrir su propio establecimiento fue casi un paso natural y su búsqueda del emplazamiento ideal para convertirse en emprendedora culminó en Parga, un lugar que ya la había dejado «fascinada» al verlo por primera vez.

"Parga me parece un sitio precioso, que necesita revitalizarse", asegura Isabel, que destaca la gran acogida y el apoyo de los vecinos y lamenta su preocupación por servicios que entiende que son esenciales también para su negocio, como el centro de salud o la oficina bancaria.

"Preguntando encontramos la casa, hablamos con el dueño, llegamos a un acuerdo y la compramos", recuerda. Y a partir de ahí, Isabel y Vicente han centrado sus esfuerzos e ilusiones de los últimos meses, con una pandemia de por medio, en convertir en realidad su proyecto de futuro, transformando una abandonada casa centenaria en un alojamiento rural que ofrezca "intimidad, privacidad y tranquilidad" a sus huéspedes, además de servicio de desayuno y cena.

"Ha sido costoso, económica y emocionalmente", reconoce Isabel, que ha tenido que superar múltiples trámites, desde ajustarse a las directrices de Patrimonio hasta superar las catas arqueológicas a la que obliga su entorno. Sus ahorros, el apoyo de su familia y la ayuda del GDR Terra Chá han contribuido para sacar adelante un proyecto en el que además ha querido apostar por las energías renovables.

Ya en la recta final, solventando mil detalles antes de la gran inauguración y con una página web para darse a conocer en proceso de elaboración, Isabel y Vicente confían en que Parga Rural Alojamiento contribuya a dinamizar la zona y valorizar el mundo rural.

26 plazas en ocho habitaciones
El alojamiento, de unos 300 metros cuadrados, dispone de recepción, cocina privada, salón comedor y ocho habitaciones, todas con baño privado: una para personas con discapacidad, tres de dos plazas y cinco de cuatro, dos de ellas exteriores.
Terraza con vistas
En el exterior han habilitado una terraza con vistas al río.

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