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Un nuevo hogar para los Bouilloux

Jérém y Anne, con Matis, Lali, Sam y Maya. EP
Jérém y Anne, con Matis, Lali, Sam y Maya. EP
De Francia a Xermade ▶Hace año y medio, la familia Bouilloux apostó por dar un cambio a su vida y se instaló en la parroquia xermadesa de Lousada con un proyecto de futuro que incluye la apertura de una casa de turismo rural y la organización de actividades. El covid ha complicado sus planes, pero su ilusión se mantiene intacta

"Esto es perfecto para nosotros", aseguran Jérém y Anne Bouilloux, quienes en el verano de 2019 apostaron por hacer las maletas, dejar atrás su vida en Francia e instalarse en Xermade, con sus cuatro hijos, Matis, Lali, Sam y Maya, de 16, doce, once y diez años, rodeados de naturaleza y con un proyecto de futuro a largo plazo, convertir una antigua casa de piedra en la parroquia de Lousada en un espacio de ocio rural, con cabañas en los árboles y una amplia oferta de actividades.

Su sueño se topó con el coronavirus, por lo que han tenido que retrasar sus planes y adaptarse a esta nueva normalidad que también les llevó a cerrar, prácticamente antes de abrir, la tienda que apostaron por instalar en Vilalba, donde exponían las esculturas y trabajos en madera de Jérém y donde Anne quería impartir clases de manualidades. De momento no ha podido ser, pero sus planes siguen ahí, a la espera de que la palabra que no deja de repetirse, covid, sea cosa del pasado.

Anne, que trabaja en el colegio de Xermade, y Jérém, albañil y carpintero autónomo con una veintena de años de experiencia, vinieron de vacaciones a Galicia durante un mes y medio y lo que vieron les gustó. Por internet encontraron unha casa que encajaba con sus planes y se lanzaron a la aventura.

Esculturas realizadas por la familia Bouilloux. EP

"La casa que compramos es una casa ideal para hacer el proyecto, esperamos que un día se pueda hacer, está siendo más difícil de lo que pensábamos", explican. El inmueble, una antigua edificación de piedra que estaba deshabitada, está en el lugar de A Carbeta, cerca de donde viven. Limpiaron el entorno y han empezado a arreglarla, pero aún faltan muchas cosas y el confinamiento y las restricciones no ayudan.

"Nos gustaría tener caballos y organizar clases de bricolaje, dibujo...", precisan, al tiempo que apuntan que siguen confíando en poder recuperar el proyecto de la tienda, para impartir clases y comercializar los trabajos artísticos que realizan.

Jérém hace las esculturas o las bases y Anne y sus hijos las pintan y decoran. "Somos un buen equipo", dicen sonriendo. Y creen que las obras artísticas tienen salida en cualquier país, pero reconocen que el valor que se le da a este tipo de trabajos en Galicia es inferior al que tienen en Francia.

Casa de A Carbeta. EP
Casa de A Carbeta. EP
 

Jérém ya era carpintero, pero hace unos tres años empezó a interesarse por el aspecto más artístico de trabajar la madera y en este tiempo ha ido perfeccionando su técnica y Anne asegura que le encanta "pintar sobre madera" y que "de una simple raíz de un árbol se puede crear arte", una afición que comparten con sus hijos, a los que dejan "libertad para crear". "Los niños necesitan hacer cosas, vida normal, y esta situación es difícil para ellos, no se quejan, no dicen nada, pero es difícil", reconoce Anne, a quien le gustaría impartir talleres infantiles, "pero hoy con el covid no se puede", lamenta.

Aun así, ya barajan ideas para el futuro. Estas navidades apostaron por decorar el patio del colegio al que van sus hijos, el Ceip de Xermade, con renos de madera, muñecos de nieve y hasta una gran escultura de un sonriente oso sentado que recibía a los visitantes del centro escolar. "El próximo año esperamos reunir un grupo de padres y de niños para hacer más cosas", avanzan.

Pinturas navideñas elaboradas por la familia Bouilloux. EP

Jérém y Anne reconocen que dejar todo atrás y encontrarse solos, lejos de la familia, en un nuevo país no ha resultado fácil, ya que además, la pandemia y la distancia social impuesta han echo aún más difícil la integración y el encontrar trabajo. Los distintos hábitos alimenticios, la constante humedad, el hecho de que se recicle mucho menos de lo que ellos estaban acostumbrados o el tener que hacer frente no solo a uno, sino a dos idiomas nuevos, son algunhos de los hándicaps con los que se han encontrado.

Pero nada que no se pueda superar. Porque la familia Bouilloux está contenta. Les gusta vivir en el campo. Se adaptan bien y las diferencias no son tantas. Además, ellos tenían a favor su gusto por viajar y conocer nuevas culturas y se han encontrado con sorpresas agradables, como la buena acogida de la gente o el trato que se les da a los niños. Dicen que es diferente, hablan de cuidarlos pero no encuentran la palabras para explicarlo. No importa. Un gesto también sirve para comunicarse, y Anne reproduce un abrazo.

Un nuevo hogar para los Bouilloux
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