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"O meu ex íame buscar todos os días ao instituto e eu pensaba que era amor"

Esther Buela, que ahora estudia Derecho, narrando su experiencia en un instituto. EP
Esther Buela, que ahora estudia Derecho, narrando su experiencia en un instituto. EP
Esther Buela, ahora residente en O Salnés, sufrió violencia de su padre y de su pareja y, ya recuperada, ayuda a estudiantes a detectarla

La historia de Esther Buela, ahora residente en O Salnés, es tan brutal y su capacidad para comunicar tan buena que este lunes, dos días después de dar una charla sobre violencia de género en un instituto de Vilalba, tenía en su móvil una treintena de mensajes de chicas y chicos. Muchos le piden opinión sobre circunstancias en las que hasta el viernes no veían nada raro y de las que ahora dudan.

Cuando tenía 17 años, Esther empezó a salir con un hombre de casi 40. "Iso era pederastia. Non se lle pode chamar doutra maneira", dice. Esther venía de una historia de maltrato y abusos sexuales a su madre, a su hermano y a ella misma, hasta que tuvo cinco años, por parte de su padre, y de una familia "non moi corrente", con una madre con trastorno paranoide, un hermano con discapacidad intelectual y una abuela "brusca" que la acusaba de estar loca cuando a los 16 años cayó en una depresión. En ese contexto, su pareja, inicialmente muy cariñosa y protectora, fue un refugio.

"Non lle custou moito alonxarme da familia e das amizades", recuerda, aunque la situación se volvió realmente conflictiva cuando, cumplidos los 18, se fueron a vivir juntos. "Eu daquela non o vía, pero eran sinais de alarma moi claras. Sempre estaba co das redes sociais, que con quen falaba, ata o punto de que durante ano e pico pecheinas. Empezou a virme buscar ó instituto, e despois a levarme, pero eu pensaba que iso era amor. Se saíamos de festa e me poñía un vestido enfadábase moito. Puxo o meu teléfono ao seu nome, para aforrar, e despois ameazábame con deixarme incomunicada. Celábase moitísimo dos meus amigos. Chamábame puta porque non renunciei a estudar o que quería. Deixábame soa en Nadal...", enumera.

En las charlas, Esther siempre destaca que la primera vez que su ex le puso una mano encima fue para intentar tirarla por el balcón. Se salvó porque una vecina salió al suyo y los vio, aunque después esa mujer se negó a declarar como testigo. Fue en ese momento cuando Esther denunció. Salió adelante gracias al apoyo que encontró en sus viejas amistades, en profesionales y en un grupo de apoyo que le ayudó a quitarse el sentimiento de culpa. Aunque su calvario no acabó ahí y también se encontró piedras, como un abogado de oficio que intentó convencerla de retirar la denuncia a su padre. Porque este volvió a su vida y la volvió a agredir salvajemente. Todo en medio año. Le costó años y salud -alergia nerviosa, trastornos digestivos, desviación de columna...- recuperarse.

Ahora su mayor satisfacción es sensibilizar a mujeres y a hombres. "Intento que non se sintan atacados e dígolles que tamén eles poden vivir situacións de control en relacións familiares ou de amizade". Su historia está recogida en el libro Calladita no eres más bonita, de Nuria Prieto.

"Hai familias que non ven ben que ensinemos a colocar un preservativo"
Alba Costoya, técnica de juventud de Cruz Roja, no tiene hueco en su agenda hasta el mes de junio para impartir talleres en centros educativos, muchos de ellos sobre violencia de género. Demuestra el interés que hay en abordar este problema, un trabajo que, en general, las familias dejan en manos de los centros y estos, en organizaciones como la suya, lamenta. "Nós ofrecemos directamente estes talleres a familias e a profesores, pero non responden. E do mesmo xeito que eu me reciclo, penso que calquera docente debería estar preparado para responder a unha pregunta na clase", dice.

Asegura que ella es la primera sorprendida de lo arraigado que está el machismo y la homofobia en esas edades. "As rapazas están máis sensibilizadas, pero en xeral os adolescentes non saben que é feminismo, machismo ou patriarcado. A súa principal fonte de información son as redes sociais, sen filtros, a través de influencers que ás veces teñen a mesma idade, formación e vivencias ca eles", explica.

Los medios de comunicación, sobre todo los audiovisuales, y ciertos discursos políticos no ayudan, opina, y frases como "as mulleres tamén matan a homes", "hai denuncias falsas" o "eu non son feminista nin machista" están a la orden del día.

Sus talleres son voluntarios y nunca se ha encontrado una familia que impidiera ir a su hijo o hija, pero sí peticiones de los centros de que eliminara algunas dinámicas, como aprender a colocar un preservativo, para evitar problemas con padres. "Ás familias tampouco lles gusta que falemos dos distintos tipos de orientación sexual", afirma.

 

"A raíz dunha charla saíu un problema de violencia de xénero na clase"
El IES Santiago Basanta Silva, de Vilalba, es uno de esos centros educativos implicados en el abordaje de problemas como la violencia de género, en las formas y en el fondo. Suele sumarse a iniciativas como las camisetas negras, se adelantó a la normativa pública sobre el currículum ofreciendo una asignatura optativa que trata el papel de la mujer en la historia —Filosofía pola igualdade— y la semana pasada acogió la presentación del libro Calladita no eres más bonita, de Nuria Prieto, con la participación de Esther García, que fue una mujer maltratada.

Las actividades suelen acompañarse de tutorías específicas, explica la directora del centro, Mari Trillo, y la que hubo este lunes sirvió para detectar "un problema de violencia de xénero nunha aula".

Varias alumnas pusieron sobre la mesa la negativa de algunos compañeros a reconocer este tipo de violencia con argumentos como que también hay mujeres que maltratan o que las mujeres buscan protagonismo. "As cifras son as que son", afirma rotunda Trillo.

Como otros profesionales, esta educadora ve "un retroceso" en los últimos años. "Normalízanse cousas como o control do teléfono, de como visten, de con quen andan...", apunta. Teléfonos, redes sociales y ciertos discursos públicos contribuyen a ello, opina, pero también la soledad de algunos niños en casa. "Non imaxinas a cantidade de rapaces que comen sós. Ás veces semella que demandan unha atención que na casa non teñen, sen culpabilizar os pais, porque hai que traballar e ás veces non é posible facelo doutro xeito". 

"O meu ex íame buscar todos os días ao instituto e eu pensaba que...
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