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¿La última guerra por el carbón?

Encierro de los transportistas en Vilalba. C.ARIAS
Encierro de los transportistas en Vilalba. C.ARIAS
Cuando el parón de la térmica alcanza casi los cinco meses, los transportistas inician una nueva batalla a contrarreloj con encierros en As Pontes, Vilalba y Ferrol. Son la primera ficha en caer en un efecto dominó que podría suponer una gran pérdida de empleo y de ingresos. Solo ellos dejaron de cobrar nueve millones en este tiempo. 

Fue como un dejà vú. La sensación de repetir algo ya vivido se podía respirar a cada paso, mezclada entre las ganas de luchar y la resignación de tener que volver a empezar. El colectivo de transportistas del carbón, acostumbrado a pelear mucho y duro, volvió a atravesar las puertas del consistorio pontés para quedarse, aunque esta vez llevaron los encierros a Vilalba y a Ferrol para visibilizar más su protesta. ¿Su objetivo? Luchar por un futuro ahora tan negro como esa hulla que les da de comer a ellos al mismo tiempo que a la gigantesca central térmica, que hace cinco meses dejó de devorarlo.

"Todos los que estamos aquí ya vivimos esto", decían ayer en el turno de día los familiares y transportistas encerrados en As Pontes. Hace nueve años ganaron la batalla del decreto del carbón. Estuvieron más de cinco meses encerrados. Y ahora, "casi casi en las mismas fechas", dicen, se enfrentan a otra guerra.

"La lucha es la misma, por el trabajo, pero la situación no. De la otra vez nos organizábamos y se iba trabajando algo, pero ahora no hay trabajo y no sabemos cuánto podremos aguantar así", dicen. Aseguran que ya se produjeron más de una treintena de despidos y que hay empresas en Ere. "Habrá más", presagian desde sus trincheras.

Mari Fernández: "Tenemos tres camiones. Mi marido y mis hijos los conducen. El parón de la térmica nos coge a todos, a tres familias, después de gastar mucho dinero en renovar los vehículos"

"El ánimo lo tenemos para seguir hasta conseguir lo que pedimos, una transición justa", dice Mari Fernández, de la empresa Solano As Pontes. "Tenemos tres camiones. Mi marido y mis hijos los conducen. El parón de la térmica nos coge a todos, a tres familias, después de gastar mucho dinero en renovar los vehículos. No hay ingresos, pero seguimos pagando las letras de los camiones, la seguridad social...", enumera en una lista conocida para muchos.

Artemio Teijido: "Se non fora polos outros coches que están na ruta non sei como sería. Está moi difícil e sen sinal de cambios"

Artemio Teijido tiene cinco camiones en el carbón y sus hijos también trabajan en el sector. "Se non fora polos outros coches que están na ruta non sei como sería. Está moi difícil e sen sinal de cambios", dice un empresario que asegura que o la central arranca o no hay salidas. "A xente que teño traballando leva toda moitos anos, se teño que despedir non me dan os camións para pagar. Non podes facer fronte", asegura.

Manel Gabeiras: "Yo soy chófer, si no le dan trabajo a mi jefe no me va a pagar por la cara y no me va a aguantar mucho más porque ahora me está pagando sin tener ingresos"

"Yo soy chófer, si no le dan trabajo a mi jefe no me va a pagar por la cara y no me va a aguantar mucho más porque ahora me está pagando sin tener ingresos", dice Manel Gabeiras, de Aladino Freire. Lleva 22 años en el carbón -algunos de sus compañeros en el encierro superan las tres décadas- y sabe que hay que luchar con los pies en el suelo.

Modesto Alvariño:  "Vivimos mucho los camioneros pero una traición como esta del Gobierno, ninguna. A raíz del anuncio de las obras de Endesa se hicieron muchas inversiones en los camiones"

"Estamos rabiosos y estresados. Vivimos mucho los camioneros pero una traición como esta del Gobierno, ninguna. Nadie nos comunicó nada y, a raíz del anuncio de las obras de Endesa para adaptarse a la normativa europea, se hicieron muchas inversiones en los camiones", dice Modesto Alvariño, de Cospeito, desde la trinchera vilalbesa.

Son inversiones que aún están pagando muchos. Y lanzan algunas cifras. La cabeza del camión ronda los 110.000 euros, la bañera, entre 45.000 y 47.000, y "solo sirve para el carbón". Algunos compañeros las tienen a la venta, pero no es fácil darles salida en el mercado actual.

En su caso tiene tres vehículos en el carbón y otros fuera (Transporte Penalba) y asegura que se está planteando despidos. "A alguno ya lo tuve que poner en el paro, que me costó", dice. Pero las facturas se siguen acumulando.

Las trincheras. En As Pontes y Ferrol, concellos industriales acostumbrados a la lucha sindical, los transportistas se sienten menos solos que en Vilalba. El salón de plenos en la atalaya, en el segundo piso de la casa consistorial, quizás no invita a las visitas. Pero la organización es la misma. Hacen grupos con turnos de doce horas. Cambian siempre a las 08.00 y a las 20.00 horas. Y no hay fecha límite, aunque algunos, como José Luis Durán, de Guitiriz, cree que será difícil llegar a final de año.

José Luis Durán: "Llevamos cinco meses sin ingresos, pero las letras y los gastos fijos mensuales no paran. Esto no se puede soportar mucho"

"Llevamos cinco meses sin ingresos, pero las letras y los gastos fijos mensuales no paran. Esto no se puede soportar mucho", dice. Y añade: "Todo depende ahora de los ahorros de cada uno".

Pese a que en el sector del transporte del carbón no hay mujeres al volante actualmente, hay muchas en la batalla. Empresarias, mujeres o madres. "Algunos, como en el caso de mi marido y mis hijos, están trabajando en el transporte nacional. El que puede sale para poder cobrar algo", dice Mari Fernández. Pero ni todos tienen la opción ni a muchos les compensa. "Para tirar los precios y no cubrir costes es mejor estar parado", defienden en Vilalba.

"Mi hija (Transportes Cabarcos, As Pontes) está aguantando un montón de gastos sin ningún ingreso y con un camión acabado de comprar. ¿Cuánto tiempo? No se sabe", dice Chelo Pajón.

Los frentes. Los transportistas tienen dos frentes abiertos. Por un lado, defender sus puestos de trabajo, por el otro, concienciar a la gente de que el cierre de la central es algo que afectará a todos en As Pontes y en otras comarcas, principalmente Ferrolterra y Terra Chá, pero también A Mariña lucense y la comarca del Eume. Cifran que en estos meses, entre todos, dejaron de ingresar nueve millones de euros.

"Xogámonos moito máis do que a xente cre. Non é unha cousa só de transportistas. Se non pelexamos, a metade do comercio das Pontes acabará indo ao paro tamén", apuntó el presidente de la asociación de transportistas del carbón, Manuel Bouza, que hizo un llamamiento para que la gente se involucre y participe mañana en la primera concentración que hay prevista en Santiago.

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