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La solidaridad del bisturí

David Vázquez Vecilla. EP
David Vázquez Vecilla. EP
El pontés David Vázquez Vecilla, cirujano plástico en la clínica Martín del Yerro de Madrid, es uno de los muchos médicos voluntarios que estos días se lanzan a la batalla contra el coronavirus. Desde hace  días él presta ayuda en el Hospital Quirón de Pozuelo

Vive la batalla desde primera línea de fuego, pese a que no era directamente su guerra, al menos laboralmente hablando. Pero el pontés David Vázquez Vecilla, como muchos otros sanitarios, se puso la mascarilla y los guantes dispuesto a combatir contra el coronavirus en la que ya se ha convertido en una de las zonas cero de esta pandemia que salta de un punto del mapa al otro sin descanso. 

"Hemos parado toda la actividad quirúgica y de consultas el jueves 12, antes de que el Gobierno decretase el estado de alarma", explica el joven pontés, cirujano plástico en la clínica madrileña Martín del Yerro, que no dudó ni un momento en volver a ponerse la bata para prestar su apoyo en uno de los momentos más difíciles que afronta la sanidad. 

"Se necesita gente, se necesita la colaboración de todos para dar sostenibilidad al sistema sanitario", explica el cirujano plástico pontés, acostumbrado al trabajo duro —consiguió situarse en la posición 126 del MIR en una prueba en la que se presentaban más de 13.000 personas— y uno de los muchos ejemplos de la solidaridad de los bisturís. 

"Hemos empezado a ayudar de soporte en el hospital Quirón de Pozuelo", un centro privado que, como todos los madrileños, está recibiendo y atendiendo ahora a pacientes derivados de la sanidad pública. 

"No sé el porcentaje exacto que hay de ingresos por coronavirus, pero casi todos. Más del 90% de los ingresos de Madrid, en la pública y en la privada, son por coronavirus ahora", dice David Vázquez, que asegura que la situación que se vive en los hospitales madrileños es muy diferente a la que, al menos por el momento, se afronta en Galicia. 

David Vázquez: "Ver la actitud de todo el ámbito sanitario de solidaridad, de esfuerzo y de colaboración es lo que te da esperanza"

"Ver la actitud de todo el ámbito sanitario de solidaridad, de esfuerzo y de colaboración es lo que te da esperanza ahora y lo que nos ilusiona para seguir", dice el joven pontés, que empezó esta semana a trabajar en el hospital Quirón de Pozuelo, como muchos de sus compañeros de la clínica Martín del Yerro. 

"A nadie se le ha obligado, se ha pedido colaboración, esto es algo voluntario y casi todo el mundo ha querido hacerlo", añade. "La solidaridad que hay en España no la hay en otros sitios", dice. Y asegura: "La respuesta sanitaria de todo Madrid es al 200% o más, pese a la situación tan crítica que se está viviendo estos días. La respuesta es total. Se necesitó gente para Ifema y hay voluntarios a mogollón", destaca. 

2020032813180259300EL DÍA A DÍA. David Vázquez, ‘Niní’ para sus amigos en As Pontes, trabaja en su nuevo puesto en jornadas de diez horas. Entra en el hospital a las 08.00 y acaba su jornada habitualmente a las 17.00 horas. 

"La vida aquí es de casa al hospital y del hospital a casa", asegura, mientras destaca el comportamiento de la gente respecto a las órdenes de confinamiento. "Hablan de multas pero yo cuando vengo y salgo del hospital las calles las veo vacías y en los supermercados ya no hay la histeria de los primeros días, se ve más calma", explica. 

En el hospital se reparten por equipos. "Yo estoy con el de oncología, dando soporte y ayudando un poco en lo que puedo. Aprendes a base de necesidad", dice el joven pontés, que asegura que no siente miedo al ir a trabajar. "No piensas individualmente ahora, simplemente colaboras y vas pasando los días", explica sin alardes de valentía.  

En su caso, como hacen el resto de sus compañeros, realiza desde labores administrativas y clínicas a soporte de ayuda al personal sanitario del hospital o visitas a los enfermos. "Se hace un poco de todo, también llamadas", asegura.  

Dice que lo más duro de estos días es ver de cerca la soledad. "La familia no puede estar con el paciente y tienes que transmitir todo por teléfono. Eso es muy difícil, aunque la gente es muy educada y entiende la situación que vivimos provocada por esta pandemia", destaca. 

En su hospital, "gracias a Dios", resalta al otro lado del teléfono, todavía no hay que decidir entre quién puede acceder a un respirador o qué paciente tiene más posibilidades para vivir. "Está permanentemente lleno, eso sí, pero por ahora eso no pasa", dice. "Menos mal", añade. 

La realidad en primera línea es dura, por eso, asegura, hasta dejó de ver las noticias. "Te llega lo que vives aquí", explica, y dice que en casa aprovecha para hacer algo de deporte para desconectar. 

Y habla de la otra cara de la moneda, de lo bueno, lo que reconforta. "La mejoría de los pacientes, sin duda, y la solidaridad", contesta sin dudarlo. 

Desde Galicia, sus padres están preocupados. "A mi hermana la pilló de baja de maternidad —ella es traumatóloga en el Hospital Universitario de Getafe— y ellos están aislados, como todos. Sí que se preocupan porque puedes infectarte en cualquier momento o puedes ya estarlo sin enterarte", dice calmado, hablando de esa especie de juego de la ruleta rusa en el que se ha convertido el trabajo de gran parte del personal sanitario. Pero él está convencido: "Se saldrá de esta", dice. La moral no se hunde en la trinchera. 

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