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Ilusión común que da vida

Lucía y Diego, en sus respectivas donaciones en el Chuac.EP
Lucía y Diego, en sus respectivas donaciones en el Chuac.EP
Los vilalbeses Lucía Guizán y Diego Vivero son pareja desde hace 17 años y donantes de médula desde 2017. Su altruismo rompió las estadísticas, ya que, pese a que solo uno de cada 4.000 inscritos llega a donar, ambos fueron compatibles con un receptor

Las estadísticas sirven para dar una noción de las probabilidades que hay de que ocurra o no algo. Pero la realidad muchas veces no supera solo a la ficción, sino también a los números y da lugar a situaciones que ilusionan y emocionan. Y no es para menos, porque a veces pequeñas acciones dan lo más grande: vida.

Y así, algo tan simple como la toma de una muestra en casa para inscribirse en el Registro de Donantes de Médula Ósea (Redmo) a través de la Fundación Josep Carreras, llevó a los vilalbeses Lucía Guizán y Diego Vivero a convertirse en ayudantes de héroes, esos que tienen que hace frente a una dura enfermedad, permitiendo con su altruismo salvar dos vidas. Dicen esas estadísticas tan frías que tan solo uno de cada 4.000 donantes consigue donar. Ellos, unidos desde hace 17 años por un proyecto de vida en común, tienen la increíble particularidad de que lo están también por la experiencia de haber sido compatibles con dos receptores de médula que lo necesitaban.

"Eu son doante de órganos e os dous de sangue. Un día esperando o meu turno vin un cartel sobre a doazón de médula. Leveino, falámolo na casa e, en 2017, inscribímonos no Redmo", explica Lucía, que fue la primera en recibir la ilusionante llamada. En agosto de ese año le indicaron que tenía que hacerse un análisis para comprobar si era compatible con un receptor: "Sentín unha emoción enorme, pero tamén cautela, porque xa sabía que de cada dez chamadas só unha é valida".

La médula de Diego se quedó en España en 2019 y la de Lucía se fue al extranjero, quizás para un menor, medio año antes

Pasaron varios meses y Lucía dio por hecho que su llamada entraba en el lote de las nueve inservibles, pero en noviembre recibió la confirmación. "Aí si que me puxen a chorar de emoción. Nunca tiven medo. Só estaba coa idea na cabeza de que ía salvar a vida dunha persoa", asegura.

El gran día llegó en enero de 2018 y Diego estuvo con ella en todo el proceso. "Viviuno moito tamén polo feito de ser doante", explica su pareja, que reconoce que el culmen del proceso es "cando che din que a persoa á que lle chegou a túa médula está ben".

Pero las llamadas ilusionantes no se quedaron ahí. Poco más de un año después era Diego el que estaba al otro lado de la línea, con una posible compatibilidad para él. "Cando mo contou, pensei que me estaba vacilando", comenta entre risas Lucía, al tiempo que recuerda que entonces su reacción "foi de incredulidade" y la sorpresa que causaba cada vez que Vivero respondía a las explicaciones de médicos y enfermeras: "Si, xa sei, que a miña moza xa doou".

Diego hizo su donación en junio de 2019, en la misma cama que un año antes lo había hecho Lucía. De sus receptores poco saben, salvo que la médula de él se quedó en España y la de ella se fue al extranjero. "Probablemente para un menor, pola cantidade que me sacaron, porque iso vai en función do peso do receptor", explica la joven vilalbesa, que destaca lo sencillo y sin ningún problema que fue todo el proceso en ambos casos.

Sobre la posibilidad de si les gustaría saber más de los héroes a los que ayudaron, no se lo plantean, conocedores del anonimato que conllevan las donaciones, pese a que se crea "un vínculo eterno".

"Sentes empatía por unha persoa que non coñeces de nada, da que só sabes que está enferma. Aí xa nace un vínculo moi grande e sentes unha responsabilidade enorme ata que doas. Despois, levar na túa bagaxe que salvaches unha vida é una satisfacción enorme. Pero non somos nós os heroes", sentencia Lucía.

"Un prezo que che pagan inmenso só por estar"
"Todos os beneficios que che dá o ser doante, superan os inconvintes. É un prezo que che pagan inmenso só por estar, porque non tes que facer nada", asegura Lucía haciendo un alegato a favor de registrarse como donante de médula.

Inscripción
Cualquier persona interesada en ser donante de médula puede hacerlo entregando una muestra en un hospital concertado para este fin o inscribiéndose en la web de la Fundación Josep Carreras, desde donde envían al domicilio un kit y las instrucciones para tomar la muestra.

Preparativos
Cuando se confirma la compatibilidad con un receptor, se inicia un proceso para hacer diversas pruebas —análisis de sangre, electro...— para descartar cualquier problema de salud del donante, que puede echarse atrás en cualquier momento, salvo unos días antes de la donación, cuando se tiene que administrar cuatro o cinco inyecciones subcutáneas de unos agentes llamados factores de crecimiento que hacen pasar las células madre de la médula al torrente sanguíneo.

Donación
La más habitual es por aféresis, el mismo procedimiento por el que se donan plaquetas. Después, durante un año el donante tiene que hacerse un control con análisis de sangre para comprobar la recuperación de la función medular.

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