Hornear nuevas oportunidades

Las circunstancias llevaron al marroquí Adil Hammoun a aprender de forma autodidacta el oficio de panadero, el cual ejerce como responsable del único negocio de ese sector en Muras
Adil Hammoun, en su obrador de Muras. M. ROCA
photo_camera Adil Hammoun, en su obrador de Muras. M. ROCA

En la vida a veces toca reinventarse. Salir de la zona de confort, cambiar el rumbo, aprender cosas nuevas. Las circunstancias personales van llevando a uno a ir tomando decisiones, a veces acertadas y a veces no, pero siempre con el objetivo de salir adelante.

Adil Hammoun salió de su país natal, Marruecos, hace 19 años, afrontando un cambio importante, aunque seguro que cuando tomó la decisión no contaba con acabar en un pequeño concello de la provincia de Lugo de 600 habitantes ejerciendo una profesión totalmente nueva para él y en la que aún sigue formándose a base de practicar.

Adil se hizo cargo de la única panadería de Muras hace algo más de un año y ahora se encarga de suministrar pan en el núcleo urbano de este municipio -en despachos independientes, ya que en su local solo elabora el pan, no lo vende- y también de hacer reparto por las parroquias, además de por otras localidades cercanas como As Pontes, Roupar (Xermade), Bravos (Ourol) o Galdo (Viveiro).

"Cuando empecé a trabajar en la panadería no sabía ni hacer una barra", reconoce con una sonrisa echando la vista atrás sobre un periplo que inició en 2017.

Entonces comenzó como empleado en la panadería muresa. Previamente, tras su llegada a España, estuvo seis meses en Alicante, 14 años en Foz, en los que trabajó en carreteras con una empresa mindoniense, y un breve periodo vendiendo en mercadillos.

Cuando empezó en el obrador, al poco tiempo tuvo que cerrar, así que Adil buscó una salida. Encontró una panadería en Viveiro para alquilar y cambió de aires. "Hacía el pan allá y los clientes los tenía en Muras, porque mantuve los que ya había. Estuve así cuatro años", recuerda.

Tampoco olvida los inicios en el oficio. "El primer día que amasé me sobró mucho más de la mitad de la masa de una artesa grande", explica con humor, al tiempo que añade todo lo que sabe lo fue adquiriendo con la práctica: "Todos los días voy sumando cosas y la mayoría las aprendí de los clientes, que iban opinando cómo estaba el pan, si llevaba más sal o menos...".

Además reconoce que a veces entra en Google y pregunta, por ejemplo, cómo se hace una barra artesana, y que en sus primeras noches cociendo "hablaba por teléfono con mi madre y me iba diciendo cómo hacer".

Porque Adil quiso ofrecer "pan natural, sin un gramo de productos químicos" pero que también fuese típico de la zona, así que ha probado a darle a su producción un toque de su país. "No tiene nada que ver. Allí la mayoría hacen torta, barra o baguette y el trigo del país no se parece. En Marruecos cuando lo muelen abren más los filtros y queda más gordo, más integral", relata el panadero.

Cuando ya estaba más rodado, tuvo la oportunidad de regresar a Muras. "Hablé con los dueños de este obrador para que me alquilaran y llegamos a un acuerdo", dice, sobre un cambio que afrontó "por los clientes".

Y, con la ayuda de dos personas para cocer de noche, en un horno de unos 60 años, y otra para el reparto, va tirando a pesar de las piedras que se fue encontrando en el camino -asegura que es difícil "encontrar gente para trabajar y que sea de confiar"-, contento con el rumbo que ha tomado su vida, aunque admite que el de panadero es un oficio "muy esclavo".

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