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"Al entrar en la tienda me encontré todo inundado y lleno de barro"

El suelo de la tienda Don Bolso, lleno de barro y agua. C. PÉREZ
El suelo de la tienda Don Bolso, lleno de barro y agua. C. PÉREZ
La dueña de Don Bolso, negocio aledaño a la casa incendiada en Vilalba, no sabe cuándo podrá abrir

Jessica Lourés se llevó el susto de su vida el pasado lunes cuando, en torno a las siete de la mañana, le enviaron una foto de las llamaradas del incendio de la casa de las Maragatinas y la avisaron de lo sucedido. "Vine volando, convencida de que me iba a encontrar el sitio", dice. Se refiere a su tienda de ropa y complementos, Don Bolso, que en el mes de mayo celebraba su octavo aniversario en el bajo comercial de la Rúa da Pravia número 45, justo al lado de la histórica vivienda de la que hoy solo dan testimonio la fachada trasera y los restos de una cocina que resistió los envites de unas virulentas llamas alimentadas por el gas y la madera del edificio.

"Cuando llegué, ya no había fuego", recuerda. Y aparentemente, su negocio estaba intacto. Hasta que pudo acceder al interior, ese lunes por la tarde, y se encontró "todo inundado y lleno de barro". "Al principio no me querían dejar entrar, me decían que no había daños". Pero los había, y muchos: "En cuanto abrí la puerta del almacén, lo primero que me encontré fue la escobilla del váter, eso te da una idea de la cantidad de agua que ahí tuvo que correr", explica Jessica. Y apunta que, aunque ella no lo sabe, "la sensación que da es que el agua salió por el retrete" del baño que tiene en el almacén. Su casero también le dijo que el sótano del edificio estaba completamente inundado.

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La responsable de Don Bolso explica que precisamente fue el almacén, donde tenía guardada numerosa mercancía en cajas y bolsas, lo que se llevó la peor parte. Aunque también hay importantes daños en el suelo de la tienda, que está levantado; los muebles, todos de madera, o una pared de pladur, que está rajada. "Acababa de hacer reformas en la zona del mostrador, y es justo lo más afectado", precisa.

Y si bien la mayor parte de la ropa expuesta se libró, la que colgaba cerca del suelo absorbió agua, lo que afectó tanto a la propia prenda como a las próximas. Le coincidió además con mucha mercancía almacenada, "porque este mes se supone que es bueno en ventas, empieza a haber eventos, viene gente de fuera...", dice, y lamenta: "Parece que resurges, después de todo lo que ha pasado, y ahora esto, un nuevo parón".

INCERTIDUMBRE. Y ahí sigue, "esperando noticias". Y es que la incertidumbre ha marcado estos últimos días. No sabe cuándo podrá volver a abrir -tiene una empleada "que está en su casa"- ni ha podido hacer una estimación real de los daños, aunque el perito de su seguro ya revisó la tienda.

"Tendrían que intentar agilizar los trámites, porque esto es una urgencia, pero parece que solo nos preocupa a los afectados; y ya no es que no genere ingresos, es que sigo teniendo gastos", dice.

Mientras espera a que le permitan retomar la actividad, va haciendo lo que puede. El miércoles por la tarde un equipo de limpieza hizo una primera intervención y ayer ella retiró la mercancía estropeada, para poder valorarla y dar parte al seguro. "Toca paciencia", concluye, resignada.

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