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La emoción y los nervios marcaron las primeras visitas a familiares tras semanas sin reunirse

La vilalbesa Matilde Jato sorprende a sus nietos Pablo y Mateo en su visita a su casa de Roupar, en Xermade. EP
La vilalbesa Matilde Jato sorprende a sus nietos Pablo y Mateo en su visita a su casa de Roupar, en Xermade. EP
El inicio de la primera fase de la desescalada propició uno de esos encuentros en Xermade

“Mi coche se abre por arriba y salí por la ventana del techo para saludarlos y los niños se quedaron pasmados”, recordaba, aún con la emoción del momento, la vilalbesa Matilde Jato, que se desplazó este lunes a la casa de su hija Ana en Roupar, en Xermade, para ver a sus nietos, Pablo, de tres años, y Mateo, de casi dos, a los que hacía dos meses que no veía.

El inicio de la primera fase de la desescalada propició este encuentro al permitir la visita a familiares y también la movilidad entre municipios. Matilde quiso ser ella la que se desplazara a Xermade porque “en Vilalba hay restricciones horarias y los parques están cerrados, mientras que en su casa tienen terreno para jugar”.

Y eso fue lo que hizo, incluso tirándose por el tobogán, para disfrutar al máximo de unos nietos que cuida todas las tardes de lunes a viernes y que pasó a verlos solo en videollamadas.

“Ya me estaban esperando fuera con su madre y se pusieron muy contentos de verme. Los noté muy cambiados, sobre todo al pequeño, que cumplió 22 meses y habla mucho más”, señalaba, con la mente puesta ya en el próximo encuentro.

“El niño cambió mogollón, está súper espabilado. Le salió un diente, no gateaba y ya gatea y anda arrimado a los muebles. Y no se extrañó al verme, y eso que iba con mascarilla”

Otra vilalbesa, Carmen Hermida, también notó muy cambiado a su sobrino y ahijado Arturo. Cosa normal, teniendo en cuenta que durante el confinamiento cumplió su primer año, el 1 de mayo. Así, aprovechó la visita para darle su regalo, al igual que a su hermana Marta y su cuñado Marcos, que también estuvieron de cumpleaños en la misma semana.

“El niño cambió mogollón, está súper espabilado. Le salió un diente, no gateaba y ya gatea y anda arrimado a los muebles. Y no se extrañó al verme, y eso que iba con mascarilla”, explicó Carmen sobre una jornada especial que compartió con su hijo Álex y en la que también se encontró con su madre Inés.

La familia Fanego es otra de las que volvió a reunirse tras “dous meses e unha semana” comunicándose por videollamada, tal y como explicaba Rocío Fanego, que viajó desde Guitiriz hasta Os Vilares con su marido y sus dos hijas, Paula, de doce años, y Lidia, de siete, a la casa de sus padres y abuelos, a donde iban todas las semanas antes del confinamiento.

“As nenas ían super nerviosas e para eles tamén foi un alivio, polo tempo que levaban sen estar con elas”, dijo. Y aunque no se abrazaron, “porque hai que ter coidado, as nenas agradeceron saír do piso e poder botar a tarde fóra ou andar cos animais”, concluyó Rocío.

La emoción y los nervios marcaron las primeras visitas a familiares...
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