La desaparición de Enrique Bolívar sigue sin resolverse cuatro meses después

La investigación para esclarecer qué le pasó al octogenario de Abadín continúa abierta y bajo secreto de sumario. La familia mantiene la esperanza de que la Policía Judicial resuelva el caso
Operativo de búsqueda para dar con el paradero de Enrique Bolívar. AEP
photo_camera Operativo de búsqueda para dar con el paradero de Enrique Bolívar. AEP

Ya hace más de 120 días que el barrio de Fontepresa, en la parroquia abadinesa de Quende, dejó su tranquilidad habitual para vivir bajo el peso de la incertidumbre y el desconcierto ante la inquietante desaparición de Enrique Bolívar Díaz, uno de sus apenas seis vecinos y al que se le perdió la pista a escasos 150 metros de la vivienda en la que residía solo. Cuatro meses después de aquel fatídico 3 de septiembre todavía no se ha conseguido resolver dónde está y qué le pasó al octogenario.

Aunque en un primer momento todos los medios se centraron en la búsqueda por el entorno de la vivienda al creer que el hombre podría haberse desorientado producto de la edad, el radio de acción fue aumentando a otros lugares del municipio como A Corda, Fanoi, Galgao o Romariz.

Pero un giro radical en la investigación, propiciado por el hallazgo de un vehículo calcinado en una gasolinera abandonada de A Mariña el mismo día en el que se le perdió la pista -y cuyo propietario no era una persona ajena al entorno de Enrique-, hizo que se abriesen nuevas hipótesis y que se descartase casi por completo una desaparición estándar.

Desde entonces, y después de decretarse el secreto de sumario, son pocos los avances que han trascendido, según reconoce la propia familia, que sí mantiene una comunicación directa y constante con los agentes de la Policía Judicial que llevan el caso.

"Dinnos que seguen coa investigación, recabando máis probas, pero non nos poden contar moito máis", indica la persona que ejerce de portavoz de la familia en estos complicados momentos, en los que sus allegados lo están "pasando moi mal", reconoce, aunque mantienen la esperanza de que se pueda resolver el caso.

DATOS. Además del hallazgo del vehículo, que fue examinado a conciencia, hay otras cuestiones sobre las que pivota la investigación. Entre ellas está la aparición de un pequeño trozo del bastón que portaba el octogenario en el momento de la desaparición y que fue localizado a medio camino entre la vivienda de una vecina a donde Enrique Bolívar había ido a tomar café esa tarde y su casa.

"Localizouno uns días despois a Policía Xudicial, non nas batidas", confirma la familia, quien también indica que se vació un pozo de purín de una explotación próxima en busca de pistas.

Además fueron revisadas las cámaras de seguridad de la A-8 -Fontepresa es el nombre del viaducto que pasa justo por encima del barrio-, en las que no solo se comprobaron los movimientos de vehículos por la propia autovía, sino también por las carreteras secundarias y pistas próximas al lugar de la desaparición.

Asimismo se estudió el posicionamiento del teléfono móvil, que en el caso del octogenario nunca apareció. "Era un móbil vello, o que dificulta un pouco o traballo, e ademais sempre estivo apagado", confirma la familia, que también echa en falta las llaves de la vivienda, la cartera o la cartilla del banco.

"Non sabemos se o levaba con el ou se alguén o puido sustraer con posterioridade", añaden, deseosos que las pesquisas puedan empezar a dar sus frutos.

Coche calcinado vinculado al caso. AEP
Coche calcinado vinculado al caso. AEP

Sin detenidos ni investigados

Pese a que todo apunta a que la marcha de Enrique Bolívar Díaz no fue voluntaria y que podría haber implicadas otras personas, por el momento no se han practicado detenciones ni hay ninguna persona que esté siendo investigada por esta cuestión. Sí prestaron declaración varios testigos —entre ellos familiares, vecinos y gente vinculada a negocios próximos, como una gasolinera o un taller— y se recogió testimonio al dueño del vehículo calcinado, que tendría cierta relación con el octogenario y no viviría muy lejos de su entorno en el momento de la desaparición.

MIEDO. La falta de avances en este sentido ha generado cierta sensación de miedo y desasosiego entre los vecinos de Quende y, por extensión, de todo el municipio de Abadín, ante la posibilidad que el sospechoso de la desaparición pudiese estar cerca y volviese a actuar.

CAMBIO DE HÁBITOS. De hecho, muchos confirman que han cambiado incluso sus hábitos diarios. De salir a pasear solos, ahora procuran hacerlo en grupo. Incluso, la vecina con la que compartió café justo antes de la desaparición, optó por marcharse a vivir a otra ubicación. Los hay que no quieren ni acercarse a la casa de Enrique, "un bo veciño" que "non lle facía mal a ninguén", recuerdan.

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