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Miguel Bellas: de viaje al sonido del pasado

Miguel Bellas tocando una vihuela
Miguel Bellas tocando una vihuela

El músico pontés, afincado en la localidad alemana de Trossingen, lleva años especializado en la música del Renacimiento y el Barroco. Tiene varios grupos y toca la tiorba o la vihuela, instrumentos antiguos con los que se marca el reto de crear un futuro

Sus dedos recorren las cuerdas de la tiorba, la guitarra barroca o la vihuela en un viaje al pasado. Es un salto en el tiempo a través de un sonido con doble dirección, ya que su reto de futuro es vivir de la música antigua.

El pontés Miguel Bellas, afincado en la localidad alemana de Trossingen, lleva años especializado en la música del Renacimiento y el Barroco, un estilo que lo llevó fuera de España pero que le abrió muchas puertas. Tiene un dúo con Baiba Urka, su pareja, una joven soprano letona, y un grupo, La Gallarda, con músicos de distintas procedencias unidos por los sonidos del pasado. Con ellos o a través de colaboraciones con otros —alguna con músicos de la talla de Anton Steck— ha recorrido media Europa.

"La música de antes del Romanticismo se interpreta con criterios estilísticos diferentes y la información en las partituras es menor. Hay que obtenerla de tratados, cartas y otros documentos", dice Bellas, y destaca los grandes pilares que lo motivan: la interpretación histórica y la libertad creativa.

Estudió en Galicia y Oporto antes de irse a Alemania, donde compagina las clases de guitarra clásica con los conciertos por Europa

Lo suyo con la música fue un proceso natural. "Empecé en la rondalla con nueve años y toqué la guitarra eléctrica en grupos del pueblo. Cuando fui a Santiago —se matriculó en Enfermería antes de saber que su camino era la música estuve en una escuela de jazz y ahí empecé a leer música—. Antes tocaba de oído", dice.

"Entré en lo que era el grado medio del conservatorio de As Pontes para hacer guitarra clásica y en Vigo hice el superior —conoció a una de las grandes, Margarita Escarpa—. Cursé en Santiago el CAP y empecé en Pontevedra el grado medio de instrumentos de cuerda pulsada del Renacimiento y el Barroco. No me acababa de convencer como sonaba la música en la guitarra y me apetecía volver a tocar en grupo. Me fui a Oporto a hacer el superior", rememora.

Estuvo tres años y el cuarto se fue de Erasmus a Alemania, donde concoció a otro de los que hacen historia actual en la música antigua, el noruego Rolf Lislevand.

Ya se quedó allí. Actualmente compagina su trabajo como profesor de guitarra clásica en una escuela con los conciertos y más formación —acabó un máster y el curso que viene empezará otro de música antigua de cámara—.

"Desde la época de Oporto empezaron a salir pequeños conciertos en iglesias y salas. Es un estilo con muchas vertientes, para tocar solo, en grupo, con pequeñas orquestas, pero de momento tengo que compaginarlo con las clases", dice el pontés, que aunque reconoce que en España el estilo antiguo "quizás no está tan extendido", afirma que la situación mejora. "En Galicia ya hay grado medio y superior", apunta, al tiempo que asegura que le gustaría hacer algún concierto en casa.

"Me haría ilusión", dice, pero asegura que no baraja regresar, aunque echa de menos a la familia, los amigos y la comida. El idioma ya no es un problema.

"En Alemania hay más demanda y está más valorada la actividad artística y la profesión de músico", dice. "Volver es complicado, no hay tantos sitios para dar clase y allí me siento muy bien tratado. Además, tendría que convalidar todos los títulos, y es muy tedioso". El sueño, "vivir de esto", está allí más cerca.

Miguel Bellas: de viaje al sonido del pasado
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