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David García: "El juego es una forma de aprender cosas que extrapolas a la vida real"

David García Rivas, con una parte de su colección particular de 322 juegos de mesa. EP
David García Rivas, con una parte de su colección particular de 322 juegos de mesa. EP
Su pasión por los juegos de mesa nació de niño en aquellos veranos que pasaba en Santaballa compartiendo andanzas con sus primos. El destino le fue llevando a poder disfrutar de ellos a nivel laboral, donde hace asesorías, tutoriales y una firme defensa de todo lo que aportan.

Madrileño pero con profundas raíces vilalbesas, David García Rivas (1980) lleva su pasión por los juegos de mesa más allá de su trabajo en Dideco, una firma de juegos educativos y librería en la que lleva cinco años, lo que le ha permitido participar en eventos online para familias y hacer asesorías de catálogos o artículos para varias editoriales.

¿De dónde le viene el gusto por los juegos de mesa?

Soy hijo de madrileña y segoviano, pero mis abuelos maternos son de Santaballa, de donde yo siempre decía que era. Todos los veranos me iba con ellos un mes a casa de la bisabuela y jugaba con mis primos, que es de donde me viene mi pasión por los juegos. Entonces había más imaginación porque había menos recursos. El primero que vi era el Chincheando de mi primo, pero ya no es tanto el juego, sino el recuerdo en torno a él, algo que para mí es fundamental. Además, mis padres son profesores y me alentaron mucho siempre, jugaban conmigo.

¿Cómo lo enfoca en su trabajo?

Ya en la misma tienda, cuando recibimos el producto lo abrimos y lo jugamos. En la psicología de vender, conocer el producto es fundamental. Muchas editoriales mandan a Dideco catálogos de juegos y alguna vez me consultan o toman en consideración mis recomendaciones, entre otros muchos factores. Además, soy licenciado en Historia del Arte, enfocado a la docencia, y esa formación como profesor, junto a la pasión por los juegos de mesa y estar en grupos de redes sociales me llevó a que la empresa a la que debo tanto, Dideco, me diera un voto de confianza y sugiriera que fuera yo quien participara como ponente en su nombre en el evento organizado por la Fundación Edelvives Up!Family y a raíz de ahí surgió poder escribir artículos para blogs y editoriales. También grabo algunos vídeos explicando juegos para el canal de YouTube de Dideco.

¿En qué punto cree que están hoy en día los juegos de mesa?

Top total. Antes de la generación EGB, había la baraja, el dominó y Juegos Reunidos, pero en los 80 empezó a haber un montón de juegos de muchos tipos. Tras un parón en el que se regalaban más muñecas y muñecos, han vuelto fuerte. El confinamiento hizo que se tirara de puzzles y juegos para entretener a los niños. La pandemia en ese sentido les ha beneficiado y han venido para quedarse.

¿No los desbancan otras opciones, como internet o los videojuegos?

Las tecnologías son una realidad y los niños son desde siempre los primeros en saber manejarlas. Pasó con el vídeo y con la tablet. No son malas, pero tienen que aprender a dosificar, que hay un tiempo para estudiar, otro para socializar y otro para lo digital. Hay que buscar el equilibrio y, sobre todo, gestionar a qué contenido se les deja acceder.

Y ahí deben intervenir los padres.

E influyen dos factores. El primero, que a nivel laboral no tenemos las mismas posibilidades que antes y hay una dificultad para pasar más tiempo en familia. Y el segundo, nos hemos vuelto más egoístas, nos gusta nuestro tiempo para nosotros y con los niños nos da pereza. Hay que entender que los padres pueden estar saturados por momentos, pero hay opciones más allá de lo digital, que a veces se nos olvida. Hay juegos de mesa individuales de lógica o estrategia similares, por ejemplo, al Tetris o Candy Crush.

"Quince minutos al día jugando con los hijos sanea la relación y favorece el diálogo, muy importante en la adolescencia"

¿Qué beneficios tienen los juegos de mesa?

El juego es una forma de aprender. A nivel individual, todos trabajan las inteligencias múltiples básicas, unas más que otras. Además sirven para la gestión de la frustración, habilidad motora, mejorar la compresión lectora y la memoria, la lógica, aprender a perder y a ganar, o sobre estrategia, planificación, improvisación... Cosas que al final podrás extrapolar a tu vida real y que te pueden ayudar a prepararte como persona. A nivel de grupo, durante el juego padres e hijos abandonan los roles y son todos iguales. Es un momento distendido, en el que te relajas y hablas de cosas cotidianas. Para la familia es muy sano.

¿Qué les diría a esos padres que creen que no tienen tiempo para jugar con sus hijos?

Que solo 15 minutos al día jugando con ellos, a lo que sea, como si es a tirarse al suelo a hacerse cosquillas, son muy buenos para sanear la relación entre padres e hijos. Que no sean perezosos y que si quieren tener una buena relación con su hijo en el futuro, el juego favorece el diálogo y eso en la adolescencia es muy importante.

Aparte del componente lúdico, ¿tienen otras aplicaciones?

Sí, para personas mayores hay juegos adaptados para que mantengan la mente activa, ejerciten la memoria... todo en función de su nivel cognitivo o facultades. Y es una herramienta muy útil en casos de dificultades de aprendizaje, que pueden venir por múltiples factores. Los usan mucho en centros terapéuticos y los psicólogos.

"Son herramientas muy útiles para personas mayores o en casos de dificultades de aprendizaje"

¿Los juegos de mesa son una buena opción de regalo? ¿Qué percepción tiene la gente?

Es algo que ha cambiado mucho a lo largo del tiempo. Actualmente, y ya antes de la pandemia, como los que compramos ahora somos los de la generación EGB sí tenemos esa cultura de que es una primera opción para regalar.

¿Sigue habiendo juegos y juguetes sexistas? ¿Se avanzó en esto?

Es muy curioso este tema, porque existen juegos sexistas porque hay gente que sigue usándolos en base a una mentalidad sexista, inculcada a veces sin darnos cuenta. Pero se ha cambiado muchísimo, se ve en los catálogos, aunque queda por hacer.

¿Qué recomendación haría a padres, abuelos... gente en general de cara a estas Navidades?

Una lista de cosas que hay que tener claras: primero, la edad; segundo, si el niño va a jugar con alguien o solo; tercero si tiene hermanos y, si son pequeños, evitar las piezas pequeñas, y si son mayores, que el juego tenga el punto intermedio para que pueda participar; y cuarto, saber qué les gusta. Si tienen todo esto en cuenta, aciertan seguro. Si se basan en el ‘esto es lo que se lleva’, pueden acertar o no.

«Para mí Vilalba significa los mejores veranos de mi vida»
Su juego favorito.
Carcassone. Se recomienda a partir de seis o siete años y es de estrategia.
Uno para jugar solo.
Este me cuesta más elegir. Quizás del grupo de los de lógica, me quedo con ‘La casa de los fantasmas’.
¿Y para jugar en grupo?
Con adultos, Scrawl, que es como el teléfono escacharrado mezclado con el Pictionary, es divertidísimo, y Saboteur, de roles ocultos. Con niños, a día de hoy La morada maldita me parece una maravilla de juego y también Super rhino.
¿A qué jugaba de pequeño?
Jugaba mucho a Busca tu par y al Enredos.
¿Qué otras aficiones tiene?
Lo primero, pasar tiempo con mi familia y amigos. Después me encanta la lectura, me gusta muchísimo la música, de hecho fui profesor de bailes de salón; el cine desde pequeño y pintar y hacer manualidades.
¿Qué significa para usted Vilalba?
¡Buf! Me emociono. Es la tierra de mis abuelos maternos, mis padrinos, que casi me criaron. Vilalba es los mejores veranos de mi vida. Yo solo quería ir allí de vacaciones. Es donde están mis primos y he sido y sigo siendo muy feliz allí.
Un lugar.
Santaballa.
Un libro.
Como librero durante 21 años, he tenido muchos libros favoritos, pero me quedo con dos: Sentido y sensibilidad y El último catón.
Una canción.
Romeiro ao lonxe, de Luar na Lubre, en la versión de Rosa Cedrón.
Un viaje.
A Italia. Me encanta viajar.

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