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La Cueva, medio siglo de bar

María, Carmen y Jose, dos generaciones de un largo negocio. EP
María, Carmen y Jose, dos generaciones de un largo negocio. EP

Es un negocio emblemático, de los familiares, el más antiguo de la hostelería pontesa. Y pese a las décadas que acumula, las fuerzas no le faltan. Al contrario, mantiene a sus clientes y gana nuevos con su secuela, la Segunda Cueva, abierta hace un año

Cinco décadas detrás de la barra. Medio siglo de bar. Dos generaciones al frente y un local emblemático. De los negocios familiares, es el más antiguo de la hostelería de As Pontes y uno de los pocos que sobrevive a los casi 20 que llegó a haber en el Rego do Muíño, una zona de los vinos venida a menos. La Cueva, un establecimiento que algunos podrían identificar por el oído -el de las pipas que se comen sin parar y el de las pisadas sobre las cáscaras alfombrando el suelo- cumple 50 años. Y lo hace en plena forma, ya que mantiene a los clientes de siempre y gana nuevos con su secuela, Segunda Cueva, que se estrenó hace poco más de un año en la Rúa Alexandre Bóveda.

"Aquí había una sastrería. Compramos la casa y pusimos el bar, y empezamos a dar comidas", rememora Carmen Fernández, natural de Navia de Suarna, y la iniciadora del negocio junto a su marido, Atilano Fernández, oriundo de A Fonsagrada.

"La Cueva fue todo para mí, mi vida, hasta que me jubilé a los 65. Aquí nacieron mis hijos. Y ahora sigo bajando todos los días a tomar el café", dice una mujer que aprendió a cada paso. "Aún recuerdo cuando me pidieron el primer cubalibre y no sabía lo que era. Lo que se vendía era vino, coñac y vermú", dice. Los que pasaron por sus manos después, sería imposible contarlos.

"Llegamos a dar ciento y muchas comidas en las buenas épocas. Se notó cuando llegó Endesa, fue un subidón para el pueblo. Nosotros también teníamos habitaciones arriba, 15 camas, y estaban siempre a tope", rememora ante la sonrisa cómplice de sus hijos.

Los responsables del negocio organizarán la celebración de los 50 años el día 5 de mayo en el local del pulpo de A Fraga

Uno de ellos, Jose, tomó las riendas del bar hace 17 años. "Aquí trabajamos todos. Fue siempre un negocio familiar, vivíamos aquí", dice. "Tenemos clientela de quinta generación. Se mantienen los clientes de siempre. Los que empezaron cuando abrimos, siguen", explica un camarero rockero que acuñó un lema. "Siempre le preguntaba a la gente si quería jarrita fría y me quedó, pero me gusta, no me molesta", dice, mientras cuenta la anécdota de como lo engañaron para darle una sorpresa y colocar un cartel con un guiño a su frase en el local nuevo.

Pero hablar del secreto del éxito se complica. "Ni idea, será el trato familiar, las tapas, todo ayuda", apunta, pero asegura que no hay ninguna que sobresalga. "En su momento fueron los callos y los buñuelos", indica su madre. "Ahora hay un poco de todo", dicen en un acuerdo de tres, mientras indican que desde hace ocho años no se dan comidas.

El bar Segunda Cueva abrió hace un año. "Fue él el que quiso", dice María, que es la que se encarga del nuevo negocio. "Es diferente, la ubicación es muy buena y no nos podemos quejar, la clientela también es muy buena", dice.

Porque pese a la diferencia generacional o a la ubicación, los tres lo tienen claro, lo mejor es "la gente" y lo peor, las horas, que se compensan con lo primero. Por eso, el 5 de mayo quieren celebrar sus 50 con "un pinchito y un vinito" en el local del pulpo de A Fraga. "Me hace ilusión celebrarlos, ¡y que siga!", dice Carmen. ¿Habrá tercera? "Generación quizá, bar no". Tiene donde intentarlo entre siete nietos y cuatro bisnietos.

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