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Los centros de ocio de Vilalba y As Pontes despegan con el curso

Menores en una actividad de baile en Picariños, en As Pontes. MARTA MANCEBO
Menores en una actividad de baile en Picariños, en As Pontes. MARTA MANCEBO
Los espacios infantiles empiezan a coger ritmo tras una temporada difícil y con mucha incertidumbre por la pandemia

La pandemia fue como una prueba de fuego y se sintieron abandonados. "Éramos los primeros en cerrar y los últimos en abrir, nos incluyen en ocio y no en educación", dicen. Pero ahora la normalidad se va abriendo camino. Los centros de ocio despegan con el nuevo curso y empiezan a coger ritmo tras una temporada difícil y con mucha incertidumbre. Y pese a que todavía "hay algo de miedo y respeto" entre los padres, los responsables defienden que son los lugares más seguros porque allí se cumple toda la normativa.

Después del verano, cuando los campamentos y las actividades al aire libre fueron un éxito, el curso arranca con un septiembre de adaptación pero buenas expectativas. En los cuatro centros de ocio de la zona, las cifras son similares y las actividades de por las tardes se mueven entre los tres y los nueve niños. Las celebraciones de cumpleaños crecen, igual que las animaciones en eventos fuera, uno de sus principales ingresos.

"El principio es duro, siempre cuesta arrancar", dice Laura Rodríguez, de Picariños —tiene centro en As Pontes y Valdoviño y gestionará, al menos unos meses, el PAI de Muras—. Ellos decidieron diversificar y crearon una empresa de animación. "Cogimos un montón de cosas fuera y hacemos los Almorzos no Cole en As Pontes, A Capela y Valdoviño y extraescolares en Xermade, As Pontes y Valdoviño". Son 17 en plantilla.

El pontés Picariños y los vilalbeses Veo-Veo, Minds y Larilandia tienen unha media de entre tres y nueve niños cada tarde

"Pensei que ía ser peor", dice Paula Gesto, de la vilalbesa Minds, después de pensar incluso en cerrar y de apostar por una carpa en el jardín para hacer actividades fuera. "Aquí somos máis servizos de conciliación, a xente necesítao" dice, y destaca las pequeñas batallas ganadas: a partir de ahora solo cerrarán en nivel máximo y los grupos ya pueden ser de diez. Ella tiene dos monitores.

En Veo-Veo, también con dos monitoras, "se arranca pero despacio". "No es un boom, pero la necesidad prima y cada vez hay más celebraciones", dice Patricia López, que refuerza su servicio con venta de libros o juguetes.

En Larilandia, que suma ocho personas, hay servicios asegurados, como el comedor de la escuela infantil o el servicio de madrugadores que acaba de arrancar en los tres colegios de Vilalba. Y en las actividades, "vamos cogiendo ritmo", dice Lara Currás.

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