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Un camino en la lucha por mujeres libres

Un barrio de Batey Bienvenido. EP
Un barrio de Batey Bienvenido. EP

La muresa Clara Guzmán viajó a República Dominicana para involucrarse en un proyecto que busca ofrecer alternativas a las jóvenes. Allí colaboró en cursos de empoderamiento o en charlas sobre inmigración en España en lugares con una alta tasa de prostitución

Clara Guzmán. EPCompagina desde hace dos años sus estudios de Antropología Social y Cultural en la Autónoma de Barcelona con voluntariado en centros de mujeres en exclusión o situación de trata o prostitución y este verano decidió dar un paso más y participar en un campo de trabajo en República Dominicana. La muresa Clara Guzmán regresa con la maleta cargada de experiencias y la idea clara de que por poco que se haga "siempre se hace algo".

"Trabajo con las Hermanas Oblatas en Barcelona. Dentro de sus proyectos de asesoramiento a mujeres o cursos de formación, yo soy voluntaria dando clases de castellano y este año decidí salir al extranjero", explica Clara, una joven de 21 años, que define su experiencia como "muy interesante" y, sobre todo, "gratificante".

Clara asegura que la experiencia fue muy interesante y destaca el trabajo con niños como lo más duro a la vez que lo más gratificante

Durante un mes estuvo viviendo en Haina, una ciudad de unos 100.000 habitantes situada en la periferia de Santo Domingo, "una zona industrial" en un "país de grandes contrastes", con "paisajes muy hermosos pero una realidad social muy dura en muchos lugares".

"Fui con otra española, nos quedamos en la casa de las Hermanas Oblatas y trabajamos en el Centro Nuestra Esperanza, donde se da acompañamiento y se hacen cursos, tipo formación profesional, para mujeres. Nosotras participamos en cursos de empoderamiento y en charlas informativas sobre la inmigración en España, las leyes o la situación económica porque es muy fácil engañar a las mujeres para venir en situación de trata", explica esta joven, quien asegura que uno de los grandes valores de esta experiencia fue "conocer el trabajo de esta asociación, descubrir otra realidad y el origen de muchas mujeres con las que trabajamos en España".

Alumnas en el Centro Nuestra Esperanza. EP

Además de trabajar en Haina también participaba en actividades en Batey Bienvenido, un barrio de las afueras de Santo Domingo "muy pobre y con una alta tasa de prostitución". "Allí hay otro centro que se centra sobre todo en prevención y mayoritariamente con niñas", dice, mientras explica que uno de los principales objetivos que se marcan es ofrecer alternativas formativas a las jóvenes: "Evitar que estén en la calle, que vayan a la escuela".

República Dominicana es para ella "un país de contrastes", con paisajes hermosos y una realidad social dura, con gran probreza y una sociedad muy conservadora

"La parte de trabajar en el centro no fue extraordinariamente nueva porque es similar a lo que hacemos en Barcelona. Lo que fue más impresionante fue trabajar con los niños. También es lo más gratificante porque cuando hacíamos visitas a las casas y jugabas con ellos, era muy fácil sacarles una sonrisa", asegura Clara. "Conocimos la ciudad, la situación de pobreza, el contexto, completamente diferente al nuestro. Y una sociedad muy conservadora, con mucho machismo», resume, al tiempo que anima a todo aquel que esté en dudas a hacer voluntariado. "Tienes que tener la capacidad de adaptarte pero se aprende mucho", explica.

Por el momento, su idea es seguir colaborando con el centro en Barcelona (este año empieza cuarto de carrera) y probablemente regresar algún día. "Llegué con ganas de volver", asegura.

Hermanas Oblatas: Solidaridad en 15 países del mundo
Centro Nuestra Esperanza. EPLas Hermanas Oblatas, además de los centros que tienen es España, están presentes en otros 14 países: Italia, Portugal, Colombia, Estados Unidos, Filipinas, Guatemala, México, Puerto Rico, República Dominicana, Venezuela, Angola, Argentina, Brasil y Urugay. Se trata de un grupo de mujeres "llamadas, convocadas en comunidad y enviadas a vivir el seguimiento de Jesús" para ayudar a "mujeres que ejercer prostitución y/o son víctimas de trata para la explotación sexual", explican en su web. Sin embargo, apunta Clara, "no hay que ser una persona religiosa para participar, solo encajar en su proyecto y trabajar".

 

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