Ayuda mutua a través de la lucha

El reconocido entrenador de lucha ucraniano Arkadi Ilimetov colabora con el Club de Loita Vilalba tras dejar su país con su familia
<p>De izquierda a derecha, Sergei Priadum, Arkadi Ilimitev con sus cuatro hijos y Catriel Pehuén, en las instalaciones del Club de Loita Vilalba. M.ROCA</p>
photo_camera De izquierda a derecha, Sergei Priadum, Arkadi Ilimitev con sus cuatro hijos y Catriel Pehuén, en las instalaciones del Club de Loita Vilalba. M.ROCA

Uno de los valores que se destaca del deporte es que no entiende de fronteras y el Club de Loita Vilalba es actualmente un buen ejemplo de ello. No es poco habitual que sus deportistas cuenten de vez en cuando con algún luchador de renombre, de otra nacionalidad, que les sirva de sparring, pero ahora tienen entre sus filas a un reconocido entrenador ucraniano, poniendo de manifiesto que el deporte también sirve para estrechar lazos y tender la mano a quien lo necesita.

Arkadi Ilimetov colabora desde hace unos meses con el club vilalbés, ofreciendo su experiencia de más de 30 años como técnico profesional en Ucrania, país que tuvo que abandonar con su familia —su mujer y sus hijos Alona, de 17 años, Boris, de 13, Petro, de ocho y Artur, de dos— una vez que empezó la guerra el pasado mes de febrero.

Ilimetov contaba con una escuela de lucha júnior en Jarkov, una de las ciudades más castigadas por los bombardeos rusos, los mismos que les hicieron huir del país rumbo a Hungría. También llevaba el equipo regional y contaba con varias de sus deportistas en la selección nacional, principalmente en cadete y júnior.

Ilimetov fue seis veces campeón de Ucrania y tres medallista en el Mundial de veteranos, en el que consiguió el título en 2019

Fue, además, seis veces campeón de Ucrania y se subió al podio en tres campeonatos del Mundo, en la categoría de veteranos: fue segundo en Macedonia en 2017, tercero en Polonia en 2018 y campeón mundial en Georgia en 2019. A partir de ahí, una pandemia global y la guerra de Ucrania le hicieron cambiar todos su planes.

A más de 4.000 kilómetros Arkadi contaba con un buen amigo, también luchador, preocupado por su situación. Sergei Priadum, campeón del mundo y medallista europeo, ya lleva tres años en Vilalba —en su caso, cambió la conflictiva región de Crimea por la capital chairega— y no dudó en tratar de ayudar a su compatriota.

"Nuestra ciudad fue de las primeras que bombardearon, el 24 de febrero. Cuando comenzaron las explosiones y los bombardeos decidimos huir. Ya habíamos salido de Ucrania cuando un amigo llamó a mi padre y le dijo: ‘Tenemos una casa para ti y tu familia aquí en Vilalba’. Condujimos durante dos semanas para llegar, en marzo", explica Alona, que ejerce de traductora, ayudada por otro luchador trotamundos.

Sergei Priadum fue su nexo con Vilalba, a donde regresó también Catriel Pehuén desde Rusia

Catriel Pehuén, argentino de nacimiento, empezó a luchar en el club vilalbés cuando sus padres se vinieron a España hace años. Su trayectoria deportiva tenía mucha proyección y se fue a Rusia para seguir entrenando, donde estuvo casi cuatro años. Acaba de regresar, hace 15 días, de la república de Daguestan, con su mujer y su hijo. "Ya quería volver en un futuro, en dos o tres años, pero con todo lo que está pasando adelantamos la decisión", explica.

Y así, sobre el tapiz, comparten entrenamientos entre ellos y con los jóvenes luchadores chairegos, que acogieron también entre sus filas a Boris y a Petro. "Arkadi viene con sus hijos a entrenar y nos ayuda. Es una suerte para nosotros que esté aquí; en su país es alguien muy reconocido y colabora de forma altruista, porque nosotros no tenemos recursos para contratarlo y que él pueda ejercer la que es realmente su profesión", apunta Iván Castro, responsable del Club de Loita Vilalba.

Sobre Iván, Arkadi asegura que "trabaja muy bien" y que es un entrenador "muy específico, individual con cada niño". Catriel por su parte añade que el sistema de trabajo en Vilalba es "diferente" al que están acostumbrados en países como Ucrania o Rusia, de gran tradición en la lucha. "Allá hay más niños, quizás en una clase son 200", señala.

Mientras, el presente transcurre sin que Arkadi y su familia puedan pensar mucho en el futuro, ese en el que el técnico tenía "más planes" dentro de la lucha en Ucrania, pero todo se paró el 24 de febrero. 

Explica que quiere volver a su país y continuar con su escuela, pero no sabe cuándo podrá hacerlo. "Aunque acabe la guerra, va a haber muchos problemas. Todavía no se puede volver. Si la guerra se termina, aunque la situación de recuperación sea difícil, volveré. La casa es la casa", sentencia, agradecido también por toda la ayuda y la acogida que les prestaron en Vilalba.