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Así es El Ejido lucense

Invernaderos en Arneiro. C.A.
Invernaderos en Arneiro. C.A.
Unos 400 temporeros de Rumanía, Bulgaria o Marruecos llegan cada año a Terra Chá para la recogida de fresa, mora, frambuesa y arándano

En pleno corazón de la comarca chairega se expande El Ejido lucense, una paisaje almeriense entre los montes comunales de Pacios, en Begonte, y la llanura de la concentración parcelaria de O Arneiro, en Cospeito.

Los gigantescos invernaderos, opuestos al tradicional minifundismo gallego que los rodea, se ven a kilómetros de distancia. Y bajo sus extensos plásticos se esconde el oro rojo que produce la tierra, que ha cambiado el territorio pero también la forma de trabajarla, con una agricultura que se ha convertido en una puerta de entrada a la inmigración laboral ante la falta de mano de obra local.

Surexport, la empresa líder en el sector de la producción de frutos rojos en España y una de las principales en el mercado internacional —nació en Huelva en 1994— desembarcó en la provincia después de asociarse con Galicianberries. La firma gallega, que alquiló los terrenos en Pacios en 2013 por once años y prorrogables a 30, buscaba comercializar subproducto del arándano, pero cambió el rumbo de su proyecto al darse cuenta de que era necesario un socio grande para producir y vender fruta todo el año.

El modelo de los infinitos túneles de plástico del sur de Andalucía, que tenían producción durante una época pero les faltaba en otra, se instaló así en Begonte, en una zona de "buena tierra y buen clima", explican desde una empresa que llegó para quedarse. También para expandirse, provocando un terremoto en el paisaje y en las cifras demográficas.

La mayoría vienen en los meses de más trabajo atraídos por un sueldo que no alcanzan en sus países de origen, pero otros ya han enraízado en busca de un futuro

Hace algo más de año y medio abrieron una planta de embalaje y control de calidad en el polígono de Castro de Ribeiras de Lea, en Castro de Rei —antes estuvieron afincados en Rábade— y en 2018 Surexport dio un nuevo salto y a los terrenos alquilados a la comunidad de montes begontesa, que saca réditos de una tierra que antes no le producía ningún beneficio, decidió sumar Cospeito para ampliar el mapa de los frutos silvestres en la provincia. Alquiló a particulares, por 15 años, tierras de la concentración parcelaria situadas al pie del polígono industrial de Muimenta.

¿La intención de la empresa? Centralizar la macroproducción de arándanos en el monte de Pacios —su objetivo es alcanzar en Galicia los 20.000 kilos de un fruto que se cultiva al aire libre— y llevar el calor de los invernaderos a O Arneiro, tierra llana y de regadío, una huerta perfecta para los pequeños bocados rojos.

TRABAJO TEMPORAL. Entre la planta y el campo, unos 400 temporeros, en las épocas de más trabajo, se desplazan a Terra Chá desde países como Rumanía, Bulgaria o Marruecos para la recogida de fresa, mora, frambuesa y arándano. La mayoría son jóvenes de entre 18 y 45 años; gran parte de ellos, mujeres, y con pocos o nulos conocimientos de castellano.

"Yo aprendí viendo la telenovela en casa. Cuando vine ya sabía hablar pero la mayoría no saben", dice una joven rumana, que prefiere no revelar su identidad. Como ella, ninguno quiere hablar con nombre y apellidos para evitar posibles represalias. Dependen de su jefe para todo: la empresa les busca casa y les facilita desplazamiento a su puesto de trabajo.

Son mano de obra regularizada. Tienen los papeles, contratos de trabajo y se empadronan en los concellos donde residen. Los meses fuertes de la temporada son de mayo a septiembre. A partir de octubre los temporeros se empiezan a ir de forma escalonada y en marzo comienzan a volver.

Los invernaderos cambian el paisaje y el modelo de la agricultura minifundista y los trabajadores revitalizan las cifras demográficas

El resto del año se quedan los trabajadores de más confianza, un grupo de entre 20 y 30 personas que se han convertido en fijos de los invernaderos, aunque en los meses de noviembre y diciembre casi todos regresan a casa. Contactos por internet, amigos que vinieron primero, familiares que sirven de enlace... como en toda emigración el boca a boca es el motor del viaje. Y aunque cada año varía el número de temporeros, muchas caras se repiten en un modelo de inmigración laboral y circular, que en muchas ocasiones hacen escala en la Huelva real antes de recalar en la copia del norte. largas

Trabajo en un invernadero de Pacios. C.A.

JORNADAS. El bus recoge a los temporeros a partir de las 8.00 para empezar a trabajar en el campo a las 09.00. La jornada se prolonga hasta las 16.00 horas, con una única parada de media hora para comer o descansar. Pero muchos días, sobre todo en los picos de trabajo, se hacen horas extra. "Nunca más de tres", dicen los trabajadores, mientras desde la empresa, que recibió denuncias a la Inspección de Trabajo que nunca prosperaron, aseguran que normalmente no se superan las 42 o 45 horas semanales.

"El trabajo es muy duro, como todos los del campo. No importa que esté lloviendo, frío, sol, tienes que estar con el carrito", dice una trabajadora, que asegura que, pese a las dificultades, merece la pena. La nómina de un temporero —cobran cada 15 días— ronda los 1.500 euros al mes, una cantidad que es una utopía para muchos en sus países de origen.

En Rumanía el salario medio es de poco más de 300 euros al cambio de leis. La hora aquí se paga a 6,22 euros (50 euros al día por la jornada laboral sin horas extra y solo se descansa un día por semana). La mayoría de los temporeros vienen atraídos por eso, un sueldo que no pueden casi ni soñar en otro lugar, y con la intención de conseguir ahorros y pasar el resto del año en casa. Pero otros ya han echado raíces en la provincia en busca de un futuro mejor para ellos y, sobre todo, para sus hijos.

"En Rumanía hay trabajo, pero muy poco sueldo", dice una de las muchas protagonistas de las migraciones laborales de la agricultura de los invernaderos, mientras recuerda la primera vez que se subió a un autobús para iniciar tres largos días de viaje. "Estaba muy contenta. No tenía miedo porque ya me explicaron cómo era. Es un poco díficil, lejos de la familia y la gente que queremos, pero no me puedo quejar", dice, y aunque habla de "gente sociable" y "amable" reconoce que no existe una integración real.

Desde la empresa inciden en esto. "Creas un montón de puestos de trabajo y nos sentimos muy maltratados", dicen, mientras advierten de que existe xenofobia y que no se puede despreciar el impacto económico que generan los temporeros.

Cien hectáreas de cultivo de berries
Surexport cuenta en la actualidad con más de 1.300 hectáreas de producción propia, repartidas por España, Portugal, Marruecos y Kenia, de las que alrededor de unas cien están en Terra Chá, unas 70 en Pacios (Begonte) y 28 en O Arneiro (Muimenta).

AL POR MAYOR. El objetivo es dedicar el 100% de los terrenos de Pacios al arándano y los de O Arneiro al resto de frutos rojos. La estimación es recolectar 45.000 kilos de fresa por hectárea —hay plantadas seis—, 18.00 de frambuesa —se reservan 14 hectáreas—y alrededor de 18.500 de mora —están plantadas otras seis—.

EPICENTRO EN CASTRO. La empresa alquiló una nave en el polígono de Castro de Ribeiras de Lea que tiene 2.000 metros cuadrados.

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