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La ARDF prevé volver a dar sepultura en Santa Mariña a los 8 exhumados

El presidente de la ADRF, Santiago Carcas, y un vecino, José Martínez, depositan un ramo en la fosa. BNG GUITIRIZ
El presidente de la ADRF, Santiago Carcas, y un vecino, José Martínez, depositan un ramo en la fosa. BNG GUITIRIZ
Los trabajos concluyeron esta semana y ahora será el ADN el que confirme las identidades

La Asociación para la Recuperación de los Desaparecidos en el Franquismo (ARDF Desaparecidos) concluyó esta semana la exhumación de los ocho represaliados sepultados en una fosa común en un lateral de la iglesia de Santa Mariña, en cuyo cementerio se prevé darles un entierro digno cuando sea posible, tal y como ha acordado la ARDF con los familiares de varias víctimas de la zona de A Coruña y Ferrol, cuyos cuerpos se cree que son los que fueron fusilados en octubre de 1936 en el límite entre Lugo y A Coruña, en un lugar conocido como A Braña do Marco, y soterrados en esta parroquia guitiricense.

La fecha para este posible funeral colectivo está por determinar, al igual que el texto de la placa que se colocará en su memoria —ya cuentan con el permiso de Patrimonio— en el mismo lugar donde los ocho fusilados reposaron más de ocho décadas. Allí ya son recordados por un ramo de flores depositado por la ARDF Desaparecidos al concluir la exhumación.

Levamos anos loitando por poñer cara aos homes paseados que trouxeron para o adro

Un equipo de cerca de una docena de personas, con integrantes de la entidad y voluntarios llegados de distintos puntos de España, iniciaban el lunes 8 unos trabajos demorados desde 2011, cuando ya estaba todo preparado. "Había que hacerlo ya", aseguran, tanto por la avanzada edad de quienes buscan a familiares desaparecidos como por el deterioro de los restos, ubicados en una zona húmeda. "Levamos anos loitando por poñer cara aos homes paseados que trouxeron para o adro", confirma el párroco Alfonso Blanco, uno de los principales impulsores de esta actuación, a la espera de que ahora se pueda "dar a coñecer a súa identidade" y que reciban "unha sepultura digna".

La exhumación, que ha permitido certificar que eran ocho las víctimas, no ha dejado indiferente a nadie, ni a los vecinos, que han seguido de cerca los progresos para descubrir al fin qué había de cierto en los rumores extendidos durante años, ni a los miembros de la ARDF, agradecidos por la buena acogida y la ayuda prestada por parte de los vecinos, trabajadores municipales y el Concello. Los restos exhumados están ahora en custodia, a la espera de ser remitidos a la Universidad Complutense de Madrid para realizar las pruebas de ADN. A falta de confirmación, creen saber quienes son cinco de ellos.

BANCO DE ADN

Desde la asociación inciden en la necesidad de que el Gobierno impulse la creación de un banco nacional de ADN, para facilitar las identificaciones cuando haya familiares que busquen a algún desaparecido. Además, hacen hincapié en que, aunque su trabajo sea altruista y voluntario, las administraciones deben involucrarse en este tipo de campañas para ayudar a cubrir costes como los análisis o las exhumaciones y facilitar el acceso a la documentación pública.

Concluido el trabajo de campo en Guitiriz, en la semana que entra un equipo de la ARDF trabajará en la fosa común de Fervenzas, en Aranga, de 1946 y en la que esperan hallar a tres guerrilleros.

Reclamación: cajas mortuorias para seis víctimas y botellas con datos
La exhumación ha confirmado rumores populares, como el relato de una vecina que recordaba ataúdes. Y su recuerdo, aunque extraño en una fosa común, resultó ser real, pues se localizaron restos de varias cajas mortuarias. La ARDF asegura que los cuerpos del uno al seis estaban depositados en cajas mortuarias. No así los otros dos, si bien se destaca que fueron enterrados con cuidado, con las manos cruzadas sobre el pecho.

¿Nombres?
La misma vecina contaba que había gente en el entierro, que podrían ser familiares de los muertos, creencia que se refuerza con la aparición de varias botellas con papeles que aún no se han podido analizar —ni se sabe si será posible, dado su mal estado— pero que podrían contener datos de los represaliados.

De espaldas al altar
Pese a enterrarlos junto a la iglesia, las circunstancias de su muerte determinaron la orientación al depositarlos, en perpendicular al templo, de espaldas al altar.  

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