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Una amiga para los cuervos

Carmen Medina y Curra, en las inmediaciones de A Fraga, en As Pontes. C.ARIAS
Carmen Medina y Curra, en las inmediaciones de A Fraga, en As Pontes. C.ARIAS
Una vecina de As Pontes rescató hace nueve años a Curra y desde aquel día siguen viéndose

Para muchos es un ave de mal agüero, cuyo graznido presagia malas noticias, un pájaro rodeado de leyendas y de mitos tan oscuros como sus plumas, asociado a la muerte y a su naturaleza carroñera. Pero frente a su mala fama, se interponen algunos defensores y la propia ciencia, que ha demostrado su inteligencia: los cuervos resuelven problemas complejos, fabrican y usan herramientas, tienen una gran memoria y sentimientos –se ha comprobado que lamentan la muerte de otro emitiendo graznidos durante horas– y se comunican y aprenden entre sí.

Para la aragonesa Carmen Medina, Carmenchu, afincada en As Pontes desde hace más de cuatro décadas, no es necesario ni ser científica ni adentrarse en largas investigaciones para saberlo. Desde hace nueve años guarda una peculiar amistad con un cuervo -cree que una hembra, a la que bautizó como Curra- que siempre regresa a verla.

"Le doy a los gatos de comer y un día me encontré el cuervo debajo de un banco de A Fraga. Tendría 15 días o menos y se debió caer de un pino. Me dio tanta pena que me lo llevé para casa. Tenía magullada un ala, pero se recuperó pronto", dice Carmenchu.

"Lo tuvimos en casa durante un mes, le dábamos de comer -dice mientras explica que en su menú incluía "las bolitas de los perros y los gatos, que le encantan", trozos de carne, hígado o manzana-. Al principio solo caminaba por la cocina pero luego ya empezó a alzar el vuelo y mi marido lo bajó un día donde el polideportivo y lo echó a volar», rememora retrocediendo nueve años en el tiempo.

Curra voló y durante seis meses no supieron nada de ella, pero finalmente regresó. "Empezaba a venir por temporadas, tenía una pareja, creo que murió porque antes siempre venía acompañada y ahora viene sola. Dicen que los cuervos se emparejan de por vida, para siempre", y apunta al lado romántico de un animal que despierta más miedos que amores.

"Siempre le echo comida a los gatos y ya tengo unos sitios concretos, pero me fui dando cuenta de que los cuervos también iban a la comida. Y seguí echándoles hasta que Curra apareció un día", relata. "Ella me reconoció a mí, no yo a ella, y se acercó", sentencia Carmenchu, que explica que hay temporadas que no viene y otras que lo hace a diario.

"Últimamente siempre aparece. Y me hace como un saludo, como un agradecimiento, no sé. El otro día la toqué, pero no se deja, me picó en el dedo, pero no fuerte. Pero es que es una maravilla tocar un cuervo, son como terciopelo", dice contenta, después de darle de comer de su mano, cuando Curra se sentía sola con ella.

"Es afanosa, se llena el buche y esconde la comida", explica. Ella la cuida y, para que el resto de cuervos no le roben su comida, les da también a los demás -calcula que son unos 16 ejemplares jóvenes que van y vienen-. "Ella es la abuela o bisabuela. Pero como no tuvo a sus padres es como huérfana. Dicen que a los cuervos cuando se caen del nido y los recoge un humano no los quieren después y se buscan su vida", dice Carmenchu, que reconoce que pese a que sabe que los rechazarán le da más pena no ayudarlos. Por eso, hace poco rescató a otro, Corvi, que tenía una pata rota.

"Los cojo porque están en el suelo y ahí si viene una alimaña se los come. Su destino está en morirse por la naturaleza pero a mí me dan mucha pena", explica y añade: "Corvi tenía una pata rota, deforme. Lo encontré en marzo y lo llevé a casa. Era más chiquitito y estuvo más tiempo con nosotros que Curra y ya aprendimos un poco y lo echamos a volar desde la ventana". Todavía no volvió a verlo, pero aunque ya pasaron dos meses, confía en que volverá.

"Cría cuervos y te sacarán los ojos". ¿No comparte el refrán? "¡Qué va!", contesta, y sonríe. "Los cuervos tienen mala fama, como el gato negro, pero al contrario, son majísimos", dice una mujer que asegura que cuidar animales es mejor que ir "a cualquier psicólogo o psiquiatra".

"Creo que llegará el momento en el que los cuervos vengan y me dejen estar con ellos, como las palomas", dice Carmenchu, que indica que hasta ahora solo es Curra la que le permite acercarse. "La amistad es poco a poco, se va cogiendo", concluye una mujer que sueña con conseguir darle de comer a Curra desde su ventana y con escribir un libro sobre su historia y, quizás, la de Corvi.

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