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Germán Díaz: "Quiero crear un autómata que toque melodías y pida limosna"

Germán Díaz. ROBERTO DOMÍNGUEZ
Germán Díaz. ROBERTO DOMÍNGUEZ

El músico chairego se subirá este viernes al escenario del auditorio municipal de Vilalba para sumar la magia de su zanfona a varios temas de Luar na Lubre, que ofrecerá un concierto a las 20.30 horas. Será su segunda colaboración con el grupo, tras compartir escenario en Málaga

Entre paseos por las nubes, máquinas parlantes, métodos cardiofónicos, sueños de autómatas musicales y reminiscencias de la Gran Guerra, el compositor e intérprete Germán Díaz colabora en múltiples iniciativas, la más inmediata, compartir escenario en Vilalba con Luar na Lubre.

¿En qué consistirá su colaboración con Luar na Lubre?
Tocaré con ellos dos de sus temas, y tal vez algo solo.

¿Cómo han llegado a esta fusión?
Fusión no es que haya. Me dejan colaborar con ellos, lo que agradezco, y toco sus melodías. Suma muchas colaboraciones en su haber, algunas estables en el tiempo.

¿La unión hace la fueza?
Desde luego. Hay colaboraciones que se convierten en amistad, o tal vez amistades que colaboran juntas. Y surge un entendimiento que ayuda a trabajar y a perpetuarse en el tiempo.

¿Qué tiene de musical la guerra para que la Brigada Bravo & Díaz le dedique discos?
Las guerras, y más las de trincheras como fue la I Guerra Mundial, sobre la que acabamos de editar un disco, utilizaban las músicas como propaganda, pero también para recordar amores, para olvidar el drama... tenían un papel fundamental que supongo que ahora se ha perdido. Desgraciadamente sigue habiendo guerras, porque la avaricia humana es interminable, pero no creo que utilicen la música como se hacía en las guerras en las que no había ni tele ni internet ni teléfonos móviles que nos ocupan el tiempo. De hecho, la música de la II Guerra Mundial cambia radicalmente porque la radio está ya presente en muchos hogares. Las melodías que se utilizaron en la guerra están cargadas de sentimiento y emociones particulares, que es lo que nos llama la atención, y nos anima a utilizarlas. En el último proyecto, hemos utilizado las grabaciones originales de cilindros de cera que hay en la Biblioteca de la Universidad de Santa Bárbara, en California.

Hoy cualquier músico profesional está en varios proyectos a la vez, por curiosidad e interés, y por supervivencia


También forma parte de Oh Trío. ¿Unos proyectos musicales complementan a otros?
Creo que hoy en día cualquier músico profesional está en muchos proyectos a la vez. Primero, por curiosidad e interés musical, y segundo, por una cuestión de supervivencia. Desde luego que todos los proyectos se complementan y enriquecen. Cuando colaboras con músicos diferentes, aprendes de todos y te abres a nuevas formas de trabajar y entender.

Es uno de los organizadores del III Congreso Internacional de Observadores de Nubes en Sarria. ¿Las nubes dan qué ver?
¡Claro! Qué ver, qué oír, qué escuchar y sobre todo, qué reflexionar. Lo bonito de las nubes es que nos ayudan a tener un espacio de reflexión y de silencio, de pura contemplación, que es algo extraño y ajeno en estos tiempos. El congreso lo organizamos Fernando Fuentes y yo, junto con Siña Fernández y todo el equipo del Colexio Fingoi y la Granxa de Barreiros. Es un evento grande, donde somos casi cien personas de toda la península y vienen ponentes extranjeros, así que si no contáramos con el equipo humano de la Granxa y de Fingoi no saldría adelante.

¿Qué otros proyectos han surgido del tándem con Fernando Fuentes que es Producciones Efímeras?
Producciones Efímeras (www. produccionesefimeras.com) es un pequeño sello discográfico y editorial que surge de la amistad que tenemos Fernando y yo. A lo largo de estos años, 13 ya, hemos editado discos de nuestros trabajos, de otros autores que nos interesaban, y un libro muy especial de fotografías de Óscar Molina.

¿Su ‘Método Cardiofónico’ sigue latiendo o ya piensa en un sucesor?
Pues el ‘método’ sigue latiendo, después de varios años y de innumerables viajes alrededor del mundo, y de alguna manera, queremos cerrar este capítulo, porque tenemos ya varios ‘sucesores’ en el horno, pero nos sigue dando momentos tan especiales que nos resistimos a darle la puntilla.

Volviendo la vista atrás, ¿qué lo llevo a escoger la zanfona?
La curiosidad, sin duda; algo que todos los niños tienen y que, afortunadamente, mis padres motivaron con todos los hermanos. La escuchaba en los discos de Joaquín Díaz o Amancio Prada, veía esa fisionomía tan particular y me encandiló. Y gané un concurso de canción de la Junta de Castilla y León y me pude comprar mi primera zanfona de segunda mano en el curso que organizó la Asociación Ibérica de la Zanfona. Dejé de cantar, afortunadamente, y empezé a dar vueltas a la manivela.

¿Y cómo llegó a la caja de música?
La caja de música programable la conocí en una gira por Francia con Pascal Lefeuvre; colaboramos con un percusionista en la sala Le Garage (un antiguo garaje) y utilizó una de estas cajitas. Ya conocía la música mecánica, que siempre me ha llamado la atención, como a cualquier niño, pero en ese momento comprendí que podría utilizarla para mis proyectos, y a partir de entonces me he dedicado a comprar, arreglar y afinar viejos aparatos para poder usarlos en mis conciertos. Tengo un pequeño museo ‘viviente’, porque intento que todos estos aparatos funcionen y estén afinados, que puede acoger todos esos cacharros mecánicos que tiene la gente en casa y no sabe qué hacer con ellos.

¿Cómo se logra hacer de la música una profesión?
Eso es algo que me pregunto todos los días.

¿Algún nuevo proyecto en mente?
Tengo varios. Uno es sobre un meteorólogo inglés, Abercromby, que hizo unos viajes alrededor del mundo para comprobar si las nubes eran iguales en todos los lugares y editar el primer atlas internacional de nubes. Utilizaremos unas campanas automáticas que me han regalado, pero hay que afinarlas, cambiar los solenoides, etc, y es algo que nos llevará tiempo. También colaboraremos, casi seguro, con cineastas que retraten las nubes de esos viajes de Abercromby, a ver qué sale. Otro es sobre un personaje gallego que era como Da Vinci, pero con la diferencia de que a él le funcionaba todo lo que inventó. Creó una máquina parlante que me encantaría reconstruir y varios instrumentos que vamos a usar. Pero son proyectos que requieren tiempo y ahora tengo un hijo pequeño. También tengo otro, tan inútil como bonito, con un escultor que me apasiona, Francisco Remiseiro, para crear un autómata que toque melodías y después pida limosna. A ver en qué acaba.

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