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DEPORTE LOCAL LUGO

Noche de sufrimiento y locura

"¿Pero cómo va el Oviedo? ¿Igual? ¿Se acabó ya?", suplicaba un aficionado, ávido de información, necesitado de poner fin a un sufrimiento extremo que duró una temporada. "¿Se acabó ya? ¿3-3? ¿Cómo va el Rayo Majadahonda?", repetía cinco segundos después a cualquiera que se le pasara por delante con un móvil o un transistor. Mientras los seguidores estaban circunspectos, ansiosos, sin saber si su equipo del alma seguiría otro año más en Segunda División, los futbolistas celebraban en el círculo central la permanencia aunque el reloj todavía corría en el Carlos Tartiere.

En una noche agónica y confusa, donde las pulsaciones subían o bajaban por lo que sucedía en el verde del Ángel Carro y a 230 kilómetros, lo real y lo imaginado se mezclaron en cada aficionado y cada futbolista.

Los profesionales ya habían dado por bueno el empate (3-3) de Oviedo sobre la hierba mojada del estadio del Miño. Los jugadores rojiblancos saltaban en medio de una piña colectiva, con la euforia del que intuye que el padecimiento de 365 días estaba virtualmente finiquitado. Los jugadores del Tenerife, enemigos minutos atrás y ahora compañeros de alegrías, corrían hacia sus seguidores, escasos y calados hasta los huesos por la lluvia primaveral, al saberse salvados de toda posibilidad de bajar.

Pero mientras eso sucedía, el Rayo Majadahonda atacaba con el cuchillo entre los dientes, pisaba el área, chutaba a gol. Mientras en Lugo se celebraba sobre el césped y los seguidores sufrían en la grada, Alfonso Herrero salvaba el tiro de Dani Romera con sus piernas.

En el Ángel Carro se comían más uñas que pipas. Los nervios crecían mientras el contragolpe siguiente a la ocasión majariega tomaba cuerpo.

"¿Acabó ya? ¿Cuándo acaba en el Tartiere? ¿Siguen igual?", volvía a preguntar el aficionado lucense. Unos se miraban a los otros. Las pantallas de los móviles brillaban. Las aplicaciones de resultados comenzaron a mostrar el parpadeo en el Oviedo-Rayo Majadahonda, las de las apuestas narraban el regate de Joselu a Ander Cantero, los que tenían puesto el partido en el teléfono aún contenían la respiración con la ocasión de Dani Romera por el retardo de la emisión por internet de los partidos de fútbol.

Y fue en un mismo segundo, en una fracción ínfima de tiempo, cuando la situación, demasiado emotiva como para ser calibrada con frialdad, se tiñó de confusión del todo.

Los transistores cantaron el gol de Joselu, las aplicaciones de resultados pusieron el 4-3 en el Oviedo-Rayo Majadahonda, las de apuestas dieron su dinero a los que habían apostado por los carbayones y algunos celebraron como locos el tanto del expichichi onubense.

Mientras los que seguían el duelo del Tartiere por el móvil intuían que el balón llegaría al delantero del club ovetense, otros, muchos, gritaron. "¡¡Gooooll, hostia!!"; "¡¡¡Gooolll del Oviedo!!!". Levantaron los brazos, hubo miradas suplicantes y deseosas de certezas, de que lo que unos berreaban fuera verdad. Cuando la hubo, el estadio rugió, la euforia se desató, los jugadores preguntaron, el técnico, Eloy Jiménez, que ya estaba en el túnel de vestuarios, volvió al césped para abrazarse con el jefe de prensa del Lugo, con Sergio Gil, con Pita y Seoane, con todos.

En medio de la locura colectiva surgieron más "¡¡Gooolll!!", aunque llegara tarde. "Maldito retardo, pero ¡¡Gooollll!!".

Ahí los jugadores comenzaron su vuelta de honor por una permanencia sufrida, la que más. Se lanzaron a la piscina que ya era el Ángel Carro por la tromba de agua que caía del cielo. Lanzaron sus camisetas al Fondo Norte, lo hicieron de nuevo a los que no las atraparon, aplaudieron, gritaron en el vestuario, lloraron, recibieron el cariño de todos y se prepararon para la cena de celebración.

Allí, en el restaurante Milola, cenaron a lo grande, tomaron lo que había que tomar hasta altas horas con el permiso del club y del entrenador, presente en una fiesta bien merecida.

Celebración. Varios seguidores tinerfeños, heridos al ceder una valla

La afición del Tenerife vivió una permanencia un tanto accidentada. Con la euforia final por la salvación de su equipo, los jugadores del club chicharrero acudieron a la zona de General pegada a Fondo Sur, donde se encontraban unos treinta seguidores canarios, que acabaron en el suelo al ceder la valla que aguantaba su peso. Algunos de ellos fueron trasladados en ambulancia con heridas que no revistieron gravedad más allá del susto.

Un CD Lugo-Oviedo de 2012, precedentepab
No es la primera vez que algo así sucede en el Ángel Carro. En febrero de 2012, en un Lugo-Oviedo que acabó con empate (2-2) en Segunda B, una valla de la grada de Preferencia cedió ante el empuje de los aficionados carbayones tras un gol de los suyos. El resultado de aquel suceso fue de 40 heridos leves que acabaron en el hospital.